jueves, 17 de mayo de 2018

GREAT WALL OF CHINA MARATHON

      "No vemos las cosas como son, sino como somos.                                                   Ante la vida, actitud"


Qué risas y qué felicidad...antes de empezar!!

The best supporters ever!

El súper laberinto de los códigos secretos.
Son las 3 de la mañana. Hemos quedado los 16 en el hall de los apartamentos en los que estamos alojados, para que 4 taxis nos lleven al hotel desde el que sale el bus de la organización hacia Bandanli (lugar de salida del maratón, situado a una hora de Pekín).
Hablar de 4 taxis para recogernos a las 3 de la mañana, parece como hablar de algo trivial y fácil, pero hasta escribir en chino puede resultar más sencillo que esta odisea de gestión. Nuestra suerte, fue tener a Yanting (chinita encantadora responsable de los apartamentos) para organizarnos, que si no, me parece a mí que el maratón lo hubiese tenido que hacer subiendo los 25 pisos con los que contaba nuestra morada.

Caras de sueño, nervios, risas (éstas no faltaron en los 8 días de viaje) y cansancio acumulado para aburrir.

Yo al principio sintiéndome un poco agobiada por varios motivos:

·         Por haber metido a todos en ese fregao, pues con o sin ganas, habían tenido que madrugar e iban a tener que participar en la carrera de 10kms, que contaba con 2500 escalones y un desnivel positivo de 600m.
·         Por no haber encontrado el cargador de mi reloj-gps y tener que llevar el iwach de mi amigo Nando, sin tener la certeza de que fuera a medir bien los kilómetros o no.
·         Por no haber dormido más que 30 minutos (pensando en si vendrían los taxis a tiempo o en si sabrían dónde tenían que llevarnos).
·         y por no haber cenado la noche anterior (los chinos son de comprender más bien poco, ni siquiera el inglés y cuando entendieron que quería un plato de espaguetis, la cocina ya había cerrado y a todos les habían traído ya cena, menos a mí).

Las circunstancias eran esas, no había vuelta atrás, así que cuando vi allí ya a todos los taxis, me relajé y me dejé llevar. Nada como la aceptación para tirar hacia adelante sin miedo a nada.

Llegamos al hotel y los nervios pre-carrera me atacan con esa sensación que tengo siempre de “joder, qué pinta profesionales tienen todos, no sé qué leches hago yo aquí”. Menos mal que tener una hermana como la mía es contar con el comodín de la llamada y el del público todo en un mismo pack, pues al conocer mis pensamientos de niña pequeña acojonada venida a menos, me tranquiliza con un… “siempre te pasa lo mismo y luego acabas y además quedas por delante de muchos de ellos”.
Esperando en el hotel, muerta de sueño 
Esperamos en el hall del hotel, donde nos dan desayuno (hamburguesa sin hamburguesa, huevo duro y agua) y poco después subimos a los autobuses.

Casi rozando las 5 de la mañana, empieza nuestra aventura hacia la gran muralla China.

Al igual que los traviesos de la clase, vamos sentados en tropel en los asientos traseros del bus.

Voy sentada junto a mi hermana, cuando de repente veo que se levanta y empieza a quitarse ropa. Me giro y veo a todos levantados haciendo lo mismo, chaquetas, corta vientos, forros…y empiezo a preguntar con cara de incomprensión…¿qué hacéis?
De repente me gritan todos “¡¡¡sorpresa!!!” y yo me quedo totalmente en shock al ver que llevan una camiseta técnica con una foto mía por delante y un mensaje por detrás en el que pone “Sylvie’s team supporter, contigo hasta el último peldaño”. Por si siento poca emoción ya, añaden la guinda, dándome una foto en la que salen mi madre y mi hija, vestidas también con dicha camiseta. Momento impagable donde los haya, en el que se me saltan las lágrimas sin poder evitarlo…¿habrá alguien en el mundo con más suerte que yo con esta compañía?

Llegamos al punto de salida a las 6 de la mañana (de día era ya desde las 5). Teóricamente íbamos a empezar a las 6.30, pero entre ponte bien y estate quieta, aquello se retrasa hasta las 7.15. Entre tanto, nos da tiempo para hacernos mil fotos en el photocall, cantarle el cumpleaños feliz a Nieves y reírnos sin parar al ver las actuaciones pre-carrera con las que nos deleitan.
Somos el show de la carrera y los chinos nos hacen fotos, así como aprovechan para ponerse en las nuestras y salir acompañados.
Punto de encuentro para la salida


Mi megaequipo con las camisetas sorpresa
cara A

Cara B
Nos deseamos lo mejor unos a otros, nos colocamos en la línea de salida y para allá que arrancamos cual chinos mandarinos con ganas de conocer la muralla y sus ultradivertidos escalones.

Salimos todos a la vez, los de 5kms, los de 10kms, los de la media maratón (half) y los de la entera (full). Me desean suerte y me marcho a mi ritmo corriendo tranqui hacia arriba.
Veo a Pablo por delante de mí (el hijo adolescente de mis amigos Amparo y Nando) que es un deportista nato y va más que sobrado. Él es quien me ha colocado una gopro enganchada en la gorra para que grabe cuando me parezca los tramos de carrera que quiera.

El primer kilómetro y medio va hacia arriba, como por una carretera con curvas directa a las montañas.
A partir de ahí, llegamos a las escaleras y empieza  ¡¡ LA GRAN DIVERSIÓN !!
Las primeras escaleras que son más de acceso a la muralla que otra cosa, parecen hasta fáciles. Yo que llevo los bastones en la mochila, decido que ni los voy a sacar (más chula que un ocho que es una, sobre todo cuando todavía no ha vislumbrado el percal).
Uys, qué subiditas se vislumbran por allá, no?...
Entramos a través de la primera torre y ya estamos de pleno en la muralla. Las mariposas que siento en el estómago al mirar el recorrido y ver que aquello asciende cual escalera al infinito, no son de enamoramiento, son de cagalera, pero respiro hondo, me centro únicamente en maravillarme con el paisaje que tengo frente a mí y empiezo con la primera subida.

Los que corren trails de montaña entenderán la sensación esa de estar subiendo y subiendo esperando a llegar a la cima y al conseguirlo, ponerse ojiplático total al ver que lo siguiente, es otra megasubida…y así, sin parar de llegar a cimas y vuelta a subir, tropecientas veces.

Pues tal cual.
Y las bajadas qué? si no son fáciles ni de mirar!

Nando y Mer, trepando un rato

Ahí viene el grupo de la "jovenalla" (Julia, Victor y Marc)
Describir las escaleras de la muralla China, sería como describir todos los colores de una tabla de pantones…¡no sé si habrá más de 10 seguidas igual!...
Altísimas, altas, bajitas, amplias, estrechas (teniendo que poner el pie de lado por no caberte dentro), pequeñas, grandes, rotas, semi-rotas, restauradas, con agujeros, de madera.
Sólo tenían algo en común y es que eran empinadas como la madre que las parió…
Os aseguro que uno no puede imaginar su verticalidad, ni en foto, ni en vídeo, ni en nada que no sea la realidad!!...
Uno de mis pensamientos más recurrentes durante el montón de horas que subí y bajé por ella, era…¿cómo cojones pudieron construir esta barbaridad así de vertical???
Cómo suben de felices y contentas!
Marc e Isma subiendo escaleritas


El reloj me indica que vamos por el km 4.6 cuando por fin parece que aquello ha llegado a su punto máximo de altura. Y así como en las películas, me entran ganas hasta de frotarme las manos al pensar… “éste es mi momento, ahora voy a bajar volando cual águila real”.
El pensamiento me dura cero coma. Lo que parecía increíble, se hace realidad.
¡¡¡Todavía es más vertical la bajada que la subida!!!.
Veo gente bajando de lado para no caer rodando, otros cogidos a las paredes laterales, algunos incluso yendo al revés para no ver el desnivel porque les da vértigo. Alucinante a la par que acojonante!
Empiezo a bajar con pasitos de hormiga (pero literal) para no irme de morros ni salirme por la tangente directa a las montañas, porque esa era la sensación que te daba si intentabas correr.

Vamos, que daba miedito.


Un pie delante de otro, agarraditos al pasamanos
Voy por el km 6 o así, cuando a lo lejos veo a Pablo (a lo lejos pero hacia abajo, que lo veía allá como si lo hubiesen lanzado en vertical desde donde yo me encontraba). Él participa, como el resto de mis amigos, en la de 10kms, así que en ese momento me viene desde lo más profundo, una ráfaga de envidia de la mala (lo de la envidia sana es un cuento chino en China y en todos los lados), al pensar que le quedan poco más de 3kms y yo no he hecho más que empezar.
Raki y Nieves, creyéndose más altas
Sube que sube, sube al desván...


Le alcanzo cuando ya hemos llegado a tierra firme, los dos con una alegría tamaño escalón, al vernos. Escalón chino.
Vamos charlando y pasando avituallamientos, disfrutando, corriendo tranquilos, riéndonos.
En mi reloj ya marca que hemos pasado el km10 (llevo el reloj de su padre), en el de él pone que llevamos 8.5, así que como no tenemos claro si hemos de hacer promedio, el ponderado o el subtotal seno coseno con esos números, seguimos corriendo para adelante sin prisa pero sin pausa.

Llegamos al único pueblo por el que vamos a cruzar, al que no sé si llamar pueblo siquiera porque él entero es una construcción. Está lleno de casas prácticamente acabadas, otras a medio hacer, grúas, contenedores de obra, hombres trabajando en altura con gorras como única protección y lo curiosísimo, parques para niños terminados del todo, pero sin un solo niño.
Aprovechamos para reírnos un rato en uno de los parques, subiendo encima de unos osos panda hechos de obra.

Voy diciéndole a Pablo que me meo, pero que me meo que no puedo aguantar más… y claro, precisamente en ese momento, no hay lugar posible en el que parar.
Pienso que si pronto llega la meta del km10, pararé a despedir a Pablo y mearé por allí en algún recoveco.

Me aguanto otro poco más.

12.5 kms marca ya mi reloj.

Empiezan a pasar de vuelta los que están corriendo la media maratón y vemos a algunos españoles que hemos conocido en la línea de salida.
Les pregunto si saben dónde está la meta de los 10. Un poco más adelante creen. Creen, pero no saben…como tampoco lo supieron los otros tantos a los que pregunté (chinos, ingleses y americanos).

Ya no puedo más. O paro o me meo encima.
Le digo a Pablo que tire y que ya le alcanzo y allí mismo en la carretera, entre un coche y una pared de metal de esas de obra, me agacho y disfruto del momento orgásmico del que mea cuando ya tiene la vejiga a punto de estallar.

A toda pastilla me levanto para subirme la ropa (porque si pasaban corredores, me veían de pleno) y de repente me giro, con las bragas a medio subir, al notar una presencia en mi cogote. Y ahí estaba, todo relajao de la vida, a dos pasos de mí, un chino deleitándose con el paisaje. Mi cara un mapa. La suya un “mira qué apañá esta chica, que ha hecho de mi rueda un váter”. Ni se inmutó vamos (yo creo que algunos chinos tienen la parte derecha del cerebro, la emocional, algo atrofiadilla). Salí pitando a alcanzar a Pablo, intentando no volver a acordarme de la cara del chino (cosa nada fácil cuando todos te parecen gemelos de nacimiento).

Le digo a Pablo que eso ya no es normal, que debemos habernos pasado su meta de largo. 
Saliendo del pueblo, vemos a un hombre, dedicándose a subir y bajar una valla, rodeado de señales y banderas y vamos hacia allí ilusionados creyendo que aquello lo es. Meeccc error…ni el tate y todo en las señales escrito en chino. El hombre, ni nos miró al pasar.

Más adelante, vuelvo a preguntar a un inglés y me dice… “la meta de la 10k la habéis dejado atrás seguro, que éste ya es el km 14.5 en mi reloj”!!!!

Por fin nos autoconvencemos de que debemos habernos equivocado, nos damos dos besos de despedida y Pablo arrea en sentido contrario cual guepardo (y ahora cuento el final de su periplo, 16kms se cascó en lugar de 10 y nunca tuvo claro dónde era la meta de la 10k! :-)))). Pienso que él podría haber ganado o sido de los primeros de la 10k en caso de haber sabido dónde debía parar, pero como no lo sabíamos, fue el campeón y corredor único de ¡¡¡la 16k!!!

Señalizado, lo que se dice señalizado…mucho no estaba. Pasaba como en la carrera en India, que los de los avituallamientos no sabían en qué km se encontraban (si es que sabían siquiera lo que les preguntabas!).

Sigo sola. Voy disfrutando de ir corriendo hacia arriba pero sin escaleras durante un rato. Alcanzo el punto más lejano al que hemos de llegar los del maratón y doy la vuelta. Allí veo a una china subirse a un carromato de esos que llevan muchos chinos. Yo que soy una bienpensada, imagino que no se encuentra bien y que le ha pedido a ese señor que la lleve de vuelta al pueblo.
Kms más abajo, la veo de nuevo en carrera y la adelanto. No doy crédito. ¡Hay chinos tramposos!

Como la parte de la muralla por la que corremos la pasamos 4 veces, al final nos vamos encontrando todos los corredores en algún punto del recorrido. O subiendo o bajando o arrastrándonos o a 4 patas, pero nos vemos y nos vamos hablando y animando unos a otros.
Excepto la china.
Se debía haber quedado con mi cara o algo porque cada vez que nos encontrábamos, ni me miraba. A mí me hacía gracia porque me daba absolutamente igual. Ella era la única que iba a cargar con su conciencia, yo no.

Tras pasar el avituallamiento (km 19 o así en mi reloj), veo a lo lejos un grupo de gente viniendo de cara. La miopía me pone las cosas difíciles y hasta que no les tengo cerca y les oigo chillar como locos, no me doy cuenta de que son la mitad de la tropa española (mi sister, mi sobri, Marc, Víctor, Ana, Pablo e Isma). ¡Qué alegrón verles tan bien, tan pronto y recibir tantos cariños y abrazos!
Pregunto por el resto y me dicen que deben venir más atrás, que siguen en carrera.
El grupo A, cuando descubren la letra C
Esa recta, un par de kms antes de volver a la muralla, la voy a recordar siempre como si fuera el paseo de la fama. Ayssss…¡¡¡qué grande es tener amigos animándote en el camino!!!

Al poco tiempo me encuentro con Félix, que ha compartido carrera con una chica americana (Raquel) que sabe español y al llegar hasta ellos chilla como una loca (yo sin saber quién era, no entendía nada).
Félix decide acompañarme el tramo antes de llegar a la muralla. Vamos juntos charlando y contándonos la experiencia. Me dice que no sabe si el resto ha abandonado al llegar a la cima o qué, pero que no los ha vuelto a ver.
Nos despedimos justo en la media maratón, delante ya de la monstruosa subida a la muralla y tal cual desaparece Félix corriendo, veo llegar al resto (Marijose, Nando, Amparo, Elena, Raquel y Nieves).
Felicidad enorme dando vueltas, al encontrarme con ellos
Puffff…qué sorpresa tan gigante!!!...me cantan, bailamos, reímos, nos abrazamos…les digo  “qué guay, sólo me queda hacer la parte de la muralla, 3 veces más!!”…y para celebrarlo bailamos cantando el  “yupiyaya, yupi yupi ya”. No hay nada en esta vida como tomarse a risa hasta los malos momentos!!.
El equibo B, que ha encontrado la misma letra!
Me despido de ellos sintiéndome tan querida, tan dichosa por tener amigos tan especiales, tan sumamente llena de amor, que empiezo a subir la muralla emocionada total.

Oigo y veo a Marijose allá abajo chillándome sin parar “vamos máquina”, “tira parriba campeona”, “venga sube ese culo”…hasta que van convirtiéndose en hormiguitas para mi vista y ya me toca afrontar la realidad. 21 kms de muralla, de sufrimiento total, sin volver a verles hasta meta.
Allá voy, tras despedirme de ellos 
Me quedan, 2.5kms de subida y 4.6kms de bajada, en un sentido, 4.6kms de subida y 2.5kms de bajada, en el otro y así seguidito, 3 veces.
Dicho con cifras pequeñas y rápido, suena a poco y todo, pero prometo que ahora mismo al escribirlo y recordar momentos en plan flash de esos tramos, se me ponen hasta los pelos de punta.
Creo que en esos 21kms que me quedaban por delante, repetí “esto es una puta locura” unas 210 veces, 1 vez por cada 100m. Igual me quedo hasta corta porque llegó a ser casi un mantra, que mucho no me ayudaba para subir o bajar aquellas paredes, pero en mi mente en esos momentos no había cabida para otro tipo de pensamiento.

Los primeros 7kms aún los llevo con bastante ánimo. Como llegábamos a meta en el km28, pues era un poco como sentir que volvías a empezar pero con la mente del que ya “sólo” tiene 14kms por delante.

La mente del que ya “sólo” tiene 14kms por delante, debía tenerla Rita la cantaora, porque creyendo que ese iba a ser mi impulso para volver a subir y bajar, no apareció en ningún momento. Ni gasolina, ni motor trucao, ni geles, ni sales, ni barritas, ni agua, ni hostias (que diría mi padre).
Aquello empieza a convertirse en una penitencia pura y dura. Corredores tirándose al suelo cada dos por tres para que algún otro corredor tenga la amabilidad de empezar a estirarles por los pies y ayudarles a revertir los calambres. ¡¡Cuánta gente con calambres!!...¡¡qué agobio daba verles!!...era inevitable pensar que el siguiente podías ser tú, porque a esas alturas de la carrera, sentía mis músculos tan duros que fijo hubiesen sido capaces de partir media docena de cocos!

Le doy un par de geles a uno de los que encuentro tirado por el suelo con calambres, ayudo a un corredor a estirar por el talón a otro.
Mientras tanto, yo por mi parte, noto como uno de mis gemelos está haciendo un pulso a vida o muerte contra el tendón de Aquiles. Acojonada es poco.

Hago la siguiente vuelta de 7kms llegando al punto C,  km 35. En ese avituallamiento está Zhu, el director de carrera, que me anima mogollón y me dice que soy una gran organizadora y que mis amigos son gente genial. Se lo agradezco con un abrazo y salgo con fuerza a por la última vuelta de 7kms por la muralla.

Estoy meándome de nuevo lo que no está escrito. La vez anterior que pasé por el avituallamiento C, vi que habían habilitado unos váteres dentro de unos cubículos prefabricados. Entro y ya el olor me tira para atrás. No puede haber más suciedad por todas partes (antes incluso de entrar al servicio). Cuando abro la puerta del váter de mujeres y veo el cuadro abstracto que hay allí pintado, casi me da un soponcio. Típico agujero en el suelo de muchos váteres chinos, pero sin váter, directamente agujero rebosante de todo. Meo de pie con la nariz tapada, pero incluso sin oler, no puedo soportar ni lo que veo y salgo para fuera vomitando!!...¡madre mía!...¡lo que me faltaba para el duro!!...sin cenar, sin dormir y ahora sin lo poco que me podía quedar en el cuerpo!

Me pongo a comer unas gominolas que llevo para momentos extremos y voy aplacando un poco la agonía.
Veo que se me ha acabado la batería del reloj, pero como sé por el kilómetro que voy y lo que me queda para meta, ya no me preocupa.
Ahora ya, es dejarse llevar por el subconsciente sin dejar asomar ni medio ojo al consciente.

Los 7 últimos kms.
No hay dolor, bueno sí lo hay, pero me digo lo contrario para ver si cuela.
Veo a 3 obreros sentados en la pared lateral de la muralla, mirando cómo vamos pasando los corredores, riendo y diciéndose cosas en chino entre ellos.
Tal cual paso por delante, uno de ellos se levanta y empieza a subir tras de mí. Huele a vino (o a saber qué, pero a alcohol). Poco después le siguen los otros dos y entre los 3 empiezan a adelantarme, a sentarse a descansar jadeantes y a volver a adelantarme. Así sin parar durante un tramo.
Me están poniendo nerviosa ya, por lo que decido que voy a poner el modo “superwoman” en on y a dejarles atrás.
Lo consigo, y aunque estoy a un paso de sacar el bofe por la boca, me vengo arriba de verme capaz cuando yo entera era una incapacidad. 
No hay dolor, vuelvo a repetirme, pero en ese momento, no hay dolor ni aire suficiente para respirar!!
Yendo todavía por la parte de subida vertical y muerta matá tras el megaesfuerzo hecho unos metros atrás, oigo que sube alguien corriendo y respirando súper acelerado. Me giro porque me alucina que alguien pueda estar subiendo así a estas alturas y aún me sorprendo más al ver que es un chino, cargado con muchas cosas en las manos, con cara de pocos amigos y sin dorsal. No sé quién es ni a dónde va con tantas prisas, pero autobuses por allí, ya os digo yo no circulan...
Dos cuestas más arriba le vuelvo a ver agachado en el suelo, socorriendo a un corredor al que por lo visto le ha dado algo grave. Hay más chinos alrededor, todos voluntarios de la organización. Él es el médico. Han tapado al chaval con una manta térmica y están intentando hacerle beber algo. Veo que saca una camilla plegable (una de las cosas que llevaba en las manos cuando me pasó) y en ese momento no cabe en mi mente, ni tengo raciocinio suficiente para imaginar cómo cojones van a poder subir aquellas cuestas y después bajar hasta meta cargando con él. Este tío, más que un médico, es un súper héroe!
Pensando en ese corredor y en qué puede haberle pasado, llego a la última cima.
Si pudiera, me dejaría caer y rodaría seguro hasta meta. De hecho poco después, a una chica de la organización, se le escapa un botellín de agua que empieza a rodar hacia abajo y desaparece de nuestra vista en milésimas de segundo.
A partir de ese momento, todos los chinos voluntarios con los que me voy encontrando, me gritan dos palabras que no sé ni cuales son, pero que supongo que debe ser algo similar a una felicitación. Yo sonrío y les agradezco con mi “Xiè Xiè” (gracias), que es lo único que he aprendido a decir, haciéndome entender. 
A falta de 2kms, empieza el cielo a nublarse a la velocidad de la luz y noto que empiezan a caer algunas gotas. ¡No me jodas, que ahora va a ponerse a llover también?!!...
En esta carrera creo haber pasado absolutamente por todas las estaciones del año, frío invernal al empezar, fresquito primaveral al mediodía, caloret faller del bueno a principio de la tarde y para rematar, acabando con una lluvia otoñal a la que casi le di las gracias por haber aparecido así de tarde (esas cuestas con la piedra mojada, podía ser peor que un tobogán del aquapark).
Pasando por la última torre de la muralla, sale a mi encuentro un niño de la organización, en el que nos habíamos fijado desde por la mañana, cosa que me hace sonreír y pensar en cuando les cuente la coincidencia a mis 15 amigos que ya estarán esperándome en meta. Sorprendentemente habla algo de inglés (en China sólo se habla chino; al que sabe algún otro idioma, aunque sea el de señas, habría que ponerle una estatua).
Me felicita y aplaude con un entusiasmo que me emociona (y más viéndole allí mojándose bajo la lluvia sin agobiarse por nada) y de repente me dice: “congratulations, you are great”…“how old are you”? (me deja flaseada, primero por oírle hablar tan buen inglés y segundo porque lo último que me esperaba es que me preguntara la edad). Le contesto que tengo 46 años y su cara de sorpresa no cabe en toda la muralla...y así se vuelve la mía cuando me suelta:
“you look very young”!!! (pareces muy joven).
Pues nada, yo ya podía dar por terminado el maratón ahí e irme contenta para casa. Mi “Xiè xiè” se multiplicó por 5... y porque no llevaba megáfono, que si no le dejo sordo! ¡¡Qué bonico el último niño animador de toda la carrera!!
Llego por fin a la carretera de bajada a meta. Voy hiperventilando ya de pensar que me queda nada, que estoy a punto de conseguir otro sueño y que van a compartirlo conmigo 15 amigos al cruzar la meta. Son prácticamente las 4 de la tarde, las 10 de la mañana en España. Aún me da la cabeza para calcular y para pensar. Mi niña ya estará levantada. Me duelen mucho los cuádriceps. Afloja en la bajada o petas. La lluvia me moja la cara y se mezcla con mis lágrimas. No llores Syl, que te ahogas. Puff…qué felicidad!. Estoy en Pekín, joder, ¡estoy en Pekín! y he corrido por la muralla China!!. Soy muy afortunada. No subo una puta escalera más en mi puñetera vida. Me entran unas ganas terribles de parar y ponerme a caminar, no puedo más y a la vez lo puedo todo.
Vamos ahí Syl!!, me digo…¡¡No pares ahora!!, venga Syl, que has conseguido de nuevo que tus sueños fuesen más grandes que tus miedos!
Veo el arco de meta a lo lejos y oigo chillar “es Syyyyyyyl!!”,  “Syl ya viene ahiiiiiií!!!”, “vamos Syl, campeonaaaaaaaa!”...
Sólo al intuir que es mi hermana a la que veo zarandear los brazos como loca, el nudo en el estómago se me desata y corro y lloro a la par, deseando llegar y poder abrazarla. Mi máxima animadora, mi incondicional acompañante a mil carreras por el mundo, mi sister, la mejor hermana del mundo, desde siempre y por siempre, está ahí…
Me ponen la cinta de color rojo antes de cruzar la meta… y por fin, la cruzo y nos abrazamos… “ay mi chica”, la oigo decirme mientras lloro como una niña pequeña.
Felicidad absoluta.
Me cantan al unísono, veo a mi sobrina venir hacia mí con lágrimas en los ojos, mi niña grande que la quiero con el alma, cuánto vivido ya con ella...
Me rodean entre todos, chillando con alegría infinita, saltando juntos en un abrazo compartido, hasta que les digo sintiendo al máximo el temblor que tengo en las piernas…¡pa saltar estoy yo ahora, josdeputa!

Y así, riéndonos, terminó la carrera, tal cual empezó. Porque reír y divertirnos en cada momento ha sido nuestra máxima durante toda la semana pasada juntos en China.
Gracias amigos por acompañarme en este viaje con tanta o más ilusión incluso que yo misma. Gracias a los 15 por formar parte de este sueño para siempre. Gracias Mer, Julia, Marc, Elena, Pilar, Amparo, Nando, Pablo, Nieves, Raquel, Marijose, Félix, Isma, Víctor y Ana, por quererme, cuidarme y mimarme antes y después de la carrera. Escribir todas las atenciones y detalles que tuvieron conmigo, daría para más de una crónica, así que para no alargar más el ladrillo, os digo simplemente que os quiero mucho a los 15. De corazón.
Gracias a todos los que desde el otro lado del mundo me estuvieron animando y apoyando, a mi family (especialmente, mi chica, mi chico y mi mami), a mis meninos, a mis mamirunners, a mis ukeleles, a mis compis, a mis macrogirls, a mis amigos valencianos y a mi familia gallega.
A todos, una vez más, gracias. 



Cruzando la meta. Feliz
Llorera. Emoción 

Mi medalla, conseguida en el año del perro
Pd1: si alguna vez decidís ir a correr el maratón de la muralla China, no vayáis a la carrera famosa organizada por una empresa holandesa que sale en primera plana cuando te metes en un buscador, id a la organizada por los chinos. Vale que en la holandesa hay 3 veces menos escaleras que en la china y eso pica, pero es muy interesante poder vivirlo a su manera para poder entender su cultura y su forma de organizarse. 
Pd2: Hay un refrán que dice..."allá donde fueres, haz lo que vieres". Es bonito viajar y aprender de todo lo que es distinto y nos parece anormal. Hay que saber abrir la mente y disfrutar de lo que te aportan otras culturas. Cuanto más cerrada es nuestra mente, más pequeño se hace el mundo.

Pd3: No tengo fotos mías en carrera, porque la organización todavía se está organizando. En breve, pondré mi vídeo grabado con la gopro. 
Pd4: Si has llegado hasta aquí, date un abrazo de mi parte, que te lo has ganado!!

6 comentarios:

Unknown dijo...

Sylvie, he reido, he llorado, carne de gallina, tienes ese "don", consigues hacernos partícipes de tus aventuras... Qué afortunada me siento de que formes parte de mi vida, Te quiero! Un abrazo para tí también!

Rebeca Climent dijo...

Sóc la Rebe!!! 😊 😂

Anónimo dijo...

La meua xica "nohaydolor"...
Xiè xiè a tu també Syl, per omplir les nostres vesprades mamirunneres d'endorfines mil.
Soc la tía carasses

Anónimo dijo...

Me ha encantado, sobre todo cuando hacías referencia a pablo, que voy a hacer, será amor de tía. Eres genial y lo sabes

Unknown dijo...

Cómo siempre INCREIBLE!!!.
Enhorabuena por este nuevo sueño cumplido,eres muy muy grande.
Feliz y orgullosa de ti y agradecida de tenerte siempre cerca.TE QUIERO!!
Soy tu Evita

Genín dijo...

¿Corriendo en la muralla china? ¿En China?
¡No me lo puedo creer!
¡Eres lo mas de mas, y mucho mas! jajajaja
Hasta viendo las fotos de las escaleras me daba vértigo!!!
Felicitaciones guapa, por ti no pasan los años, estoy encantado de poderte saludar y plantarte mas de un par de besos y abrazos!!!
Besos y salud