martes, 26 de abril de 2016

Marathon des Sables 2016 (o el puto infierno)

Con mi medalla, bien merecida
“El dolor y el calor solo son información. Tú eres quien decide si tenerla en cuenta”.  

Esto me lo dijo uno de los doc trotter francés, Patrice, en uno de tantos avituallamientos.

He llegado a sentir que me arrepentía de haberme inscrito a Sables. He llegado a odiar a Patrick Bauer (creador y director de carrera). He llegado a desear no estar allí e incluso, a envidiar a mis compañeros de trabajo al imaginarlos sentados en la oficina (esto fue ya, jodidamente grave).
Pero al final, cuando ves lo que ha significado para tu mente, tu cuerpo y tu alma, el infierno del desierto, sabes que serías capaz hasta de volver.

Sables es compañerismo, solidaridad, trueque, risas, nuevas amistades, naturaleza básica, desinhibición, emociones...pero también es el sufrimiento mental y físico elevado a la máxima potencia.

La aventura comenzó el pasado día 7 de abril, con salida desde el aeropuerto de Valencia.

Acelerada y nerviosa, tras facturar y encontrarme ya con un montón de sableros (de entre ellos, Paco, el otro alzireño amigo que también se había embarcado en esta aventura), me reuní con mis compañeros de equipo (Ximo, Edu, Hoffman y Pepo) y sus mujeres, que habían ido a despedirles. Nos pusimos nuestros polos mudaores del Drink team, unas fotos de equipo y en marcha.


Pepo, Edu, Ximo y yo (Hoffman, saliendo desde Madrid)
Maleta facturada, mochila sablera como equipaje de mano (no fueran a perderse los liofilizados y tener que comer como cristo en sus tiempos nómadas, las secas flores de Jericó).

Vuelo Valencia-Casablanca. 5h de escala (y allí con un solo bar al estar en salidas de vuelos locales, a ver pasar el tiempo, tal como hacen los lugareños). Llegada a Ouarzazate a la 1 de la madrugada. Pitando a dormir, a semi-disfrutar de nuestra última noche en una cama, que prontito al día siguiente salía el autobús hacia el desierto.

Desayunamos en el hotel. Ximo se sienta con Machi, primer compañero que añadiremos a nuestro grupo de 5 para formar jaima (8 en cada). Machi nos parece un tipo peculiar al conocerle. Callado, discreto, amable.

Estudiándonos los road book en el bus
6h de autobús, sentada con Ximo. Tropecientos buses juntos. Todos los españoles en el mismo. Charlas, risas, empezar a conocer a unos y a otros, fotos de los pueblecitos que pasamos, de los paisajes marrón rojizo…paradas para mear (las mujeres yéndonos a distancias infinitas para no ser vistas; da risa recordarlo, pues con el paso de los días, ya meábamos delante de todo el mundo!!) y más tarde para comer (nos daban una bolsa con un poco de todo dentro). Ahí, fue cuando decidimos con quien completábamos nuestra jaima. 
Antonio y Rocío, una pareja de madrileños (ella de Jaén), se nos unen. Ya somos 8, con Pepo como capitán de jaima. Imposible imaginar en ese momento todo lo que íbamos a vivir juntos así como todo lo que nos íbamos a querer.
Jaima número 15 (las niñas bonitas, Roci et moi)

Viajecito de 6h hasta el desierto

Llegamos al primer campamento. Viernes 8, ya por la tarde. Elegimos nuestro pequeño espacio en esa alfombra llena de tropezones (los pedruscos de debajo, daban para más de un ¡ay!), bajo ese techo negro de tela abierto por todas partes y sostenido por 4 palos. Unos al lado de otros, los 8 como acostados en batería. A mi lado izquierdo Machi, a mi lado derecho Rocío, sintiéndome bien protegida.
Nuestra jaima


Poniéndonos las botas...

Ese día y el siguiente, comidas y cenas a cargo de la organización. Zampando como energúmenos comida deliciosa. Sensación de estar de vacaciones y prácticamente olvidar lo que habíamos ido a hacer allí. 



El sábado 9 nos dan ya nuestro turno de control. Todos decidiendo hasta el último minuto qué coger, qué dejar, qué pesa demasiado y es mejor que se lo lleven en la maleta, qué nos es prescindible, qué nos arrepentiremos de tener o de no tener.

Lo 1º, dejar las maletas, vestidos  ya de corredores (única ropa con la que te quedabas, aparte de lo que tuvieses para dormir). Después pesaje de mochilas, para comprobar que mínimo llevabas 6.5kgs sin el agua (exigido por la organización).
Jaima 15 lista para control
Fue un rato muy divertido el estar viendo cuánto nos pesaba a cada uno.
9.5kgs la mía (casi nada, la que más de mi jaima). 6.5kgs la de Chema Martínez… (así está de flaco, el pobre)…

Más tarde los controles médicos, viendo el electro, explicándote y empaquetándote una bolsa con pastillas de sales, colocándote el gps en la mochila gracias al que todo el mundo nos podría acompañar a través de la web. Foto de cada uno y del equipo…y…ya…puestos en modo
“desert’s look and life”. 
Drink team al completo
Día 10. 1ª etapa. 34 kms

Cada mañana se repite la misma rutina, pero en campamentos diferentes.
A las 5 y poco nos empezamos a despertar, porque ya pega un solazo que te alumbra hasta el esófago (y es que eran 2h menos que en España, una por ser Marruecos y otra por un invento del Patrick’s time). A las 6 vienen los chavales marroquís y te quitan el techo. Momento que da mucha risa porque de repente nos quedamos todos al descubierto, sentados o acostados, encima de la alfombra, dentro de los sacos…
La jaima, a pelo...adiós techo!

Con pereza empezamos a vestirnos, ir a los wc para tríos, recoger las botellas de agua que toquen esa mañana de 6.30-7.30 (has de ir, recogerlas y fichar, que si no te penalizan con 1h de tiempo), preparar el hornillo para calentar el agua y desayunar, reorganizar la mochila (esta tarea, en una semana, creo que puedes llegar a realizarla como cosa de 50 veces), atar a conciencia las zapas, colocar bien las polainas, untarte de crema solar hasta en las uñas y todos en tropel a la línea de salida.
Día 1, los 8 en la línea de salida

Ese primer día, Rocío y yo no parábamos de ir a mear (los nervios, es lo que tienen). Todos colocados dentro de los límites del número 31 gigante para que nos hicieran la foto desde el helicóptero. Justo al lado mío (entre 1189 personas, ya es casualidad), está Juanma, un colega de mi amigo Mauri al que tenía que dar un mensaje de su parte. Nos reímos, nos hacemos fotos todos los compis de jaima, nos abrazamos, besamos y deseamos mucha suerte. Habla Patrick, explica la etapa, felicita a todos los cumpleañeros de ese día, empieza a sonar el “highway to hell” (canción ideal para lo que se nos venía encima) y a las 9 en punto…se da la 1ª salida.
Nosotros en la curva del 3
Minutos antes, Rocío acababa de ayudarme a colocar mi bandera en la mochila. Le explico que es la última foto bonita que tengo con mi padre y el porqué de llevarla conmigo. Justo en ese momento, delante de mí se ha colocado un tal Kevin de GBR, que también lleva una bandera, en la que pone “prostate cancer uk”. Pienso en que parece todo como preparado para que esté ese chico ahí, para recordarme que mi padre está conmigo, pues es precisamente de lo que falleció 2 meses atrás. Se me llenan los ojos de lágrimas…respiro hondo y me aguanto, que ponerme así en el km 0, como que no es plan.
1a vez que vi a Kevin

Salimos, empezamos a correr todos muy ilusionados, con energía, alegría y fuerza. Disfrutamos de esos primeros minutos en los que el helicóptero va y viene lateralmente por encima de nuestras cabezas. Saludamos, soñando que quizá alguno de los nuestros pueda distinguirnos de entre ese pelotón de hormigas.

Poco dura lo bueno. Cuando todavía llevamos la sonrisa en la boca, llegan esos primeros kms de dunas que nos ponen a todos en nuestro sitio. A los pocos metros, ya estás deseando que acaben y no han hecho más que empezar. El calor va apretando cada vez más, los 12 kilos a la espalda (añadidos los 3 litros de agua que has de cargar), van sintiéndose como 200. La arena te hunde, la arena va engulléndose toda tu energía poco a poco, la arena merma los pensamientos positivos a pasos ultrasónicos…y cuando llevas un montón de kms ya en plan fila india, subiendo y bajando dunas, persiguiendo la huella del que va delante, intentando no pensar…sientes que quieres irte a casa, que no puedes más, que solo desearías sentarte en la arena y ponerte a llorar.
No son hormigas, somos nosotros
Recuerdo esos primeros 15kms como los 15kms más duros hechos en mi vida. A mi cabeza solo iba y venía un pensamiento… “si no puedo con estos 15 primeros, ¿cómo voy a poder con toda la semana?”. Nunca antes se me había pasado por la cabeza volverme a casa...En esos primeros 15kms, sí. 

Viendo ya el final de las dunas a lo lejos, empecé a resetear, convenciéndome de que en cuanto pasásemos el CP1 y acabasen las dunas, todo iría a mejor.

Antes de llegar a su final, empezó la primera tormenta de arena. La arena se te clavaba por toda la piel como si de agujas afiladas se tratase. Pensaba en mi fisio y en la puñetera punción seca. Fijo que a la próxima, no me volvería a quejar…
Menudo airús

Lo de que tras la tormenta venga la calma, es un mito como otro cualquiera. En el CP1 me encuentro con Ángel, que lo está pasando fatal con diarrea y vómitos. Nos damos ánimos y sigo adelante. El viento es brutal. No veo ni por donde voy. He de ir pendiente de los que llevo delante para seguirles y no desviarme. Sobre el km20, me alcanzan Rocío y Antonio. Nos da una alegría tremenda encontrarnos. Rocío y yo nos abrazamos y me dice… “esto es un puto infierno”, lo que considero una afirmación más que acertadísima.

Yo voy fatal. Ni ganas de hablar tengo (ya es raro eso en mí). Cuando estoy así, prefiero ir sola y trabajarme la motivación, así que tras el CP2, km 26, ellos siguen adelante. Dos kms más de viento y arena y para rematar el día, otra vez dunas y más dunas. Gente parada bajo las pocas sombras del camino. Un holandés y un francés atendidos por los médicos. Un inglés vomitando. Panorama animador donde los haya…

Me arrastro por las últimas dunas. No puedo con mi alma. Cada vez que siento que me vengo abajo, la bandera movida por el aire me toca el brazo. Sé que es imaginación mía pero yo pienso que es mi padre dándome ánimos (tendré esa sensación muchísimas veces durante toda la carrera).

Veo a lo lejos el arco de meta y el campamento. Aparece Cova (fotógrafa del grupo español) por detrás de una duna. Me anima mogollón y me dice que me ve genial, muy entera (yo pienso que delira por el calor). El tramo interminable al final de la primera etapa se acorta. Por fin llego.

La dureza ha sido extrema y el hecho de haberlo conseguido, me hace sentir en mi interior más profundo, que si he podido con ese día, ya voy a poder con todos.
Por fin la meta!!
La rutina a la llegada al campamento, era la siguiente. Estirar un rato. Quitarse las zapas. Ir a escribir el mail (solo tienes derecho a uno y a un único destinatario). Llamada telefónica (a 10€/5 mins). Lavarse con las esponjas esas que llevan jabón que se usan en los hospitales (yo llevé de mi papi) y que no necesitan de agua para aclarar. Ponerte la ropa con la que duermes (yo, camiseta de tirantes y culote). Recogida y fichaje del agua. Recibir los mails (qué momento más maravilloso. No viviré lo suficiente para agradecer cada palabra. Tenía un montón para leer cada día y eso que me consta que muchos no llegaron). Curar ampollas (a mis compis Edu y Hoffman, que yo solo tuve rozaduras de las polainas y una plantilla). Encender el fuego y calentar el agua para la cena. Y finalmente, dormir, si el viento y los ronquidos te lo permitían.
El drink team repantigao
Roci y yo viendo pasar a los dromedarios

Día 11. 2ª etapa. 41,3 kms

Me levanté con un dolor de gemelos para morirme. Cada apoyo sobre el suelo, era un estiramiento tremendo de cada uno de mis músculos. El sol era abrasador ya a las 7 de la mañana. Había parado el aire, cosa por la que no sabías si alegrarte o agobiarte (que sin aire, el calor es el de un tatuaje hecho con un hierro candente; no es que lo haya probado, pero así lo imaginaba y sentía). La espalda también empezaba a molestarme y pensar en la kilometrada del día, no ayudaba lo más mínimo.

Ya empezamos a regalar cosas de la mochila a los chavales que montan/desmontan las jaimas o a niñas que se acercan al campamento a mirar curiosas a tanto “anormal” junto. El caso es intentar vaciar la mochila al máximo, pues el primer día de carrera, ya te ha hecho ver, que en algún que otro kilo, te has excedido.

Salimos a las 8.30 en punto. Aparte de las “putas” dunetes (palabra que acabaré odiando con todas mis fuerzas. No confundir con donetes, que esos me los hubiese comido yo allí a kilos), el camino empieza a ser mucho más ameno que el del día anterior. Además, empezamos a pasar por pueblecitos donde los caminos se llenan de niños que quieren chocar tu mano, saludarte, ir contigo algún tramo, pedirte cualquier cosa (“un franc” me pidió un pequeñín, que me dio mucha penita, o “un gateaux”, que ya hubiese querido yo llevar tanto para ellos como para mí misma). 
Al primer CP en el km11.5 aún se llega bien y con energía. Alcanzar el CP2, en el km26, ya es más tortuoso. Hacía un calor abrasador, mi mochila seguía pesando unos 10kgs y tenía un dolor de hombros y espalda, que me obligaron a tomar hasta paracetamol (con lo poco pastillera que soy yo). Llegar al 3er CP, en el km 34.5, ya nos animó sobremanera…aunque tener un jebel (montaña) con un 15% de desnivel nada más pasarlo, muchos saltos de alegría, no te hacía pegar que digamos.
Los niños chocando las manos



De todas formas, he de decir, que después de tanta arena, dunas y dunetes…cada vez que llegaba un jebel, a mí me daba un subidón. Subir montañas es lo mío y si encima es poniendo pie firme sobre las piedras y no hundiéndote, pues mejor que mejor.

Cuando por fin divisas el campamento 2 a lo lejos, casi que no das crédito. Y no lo das, porque en el desierto, nada es lo que parece. Lo que crees que puede estar a 1km, resulta que igual está a 7kms (y no es coña). Interminable se queda corto para definir cada llegada a meta…pero como todo pasa y todo queda, tras 9h de excursión por el desierto, llegué.
Subiendo alguna que otra duna

Pasaban las horas y no sabíamos nada de Pepo. Nos asustamos al enterarnos de que se habían tenido que llevar a un español en helicóptero. Finalmente, nuestro Pepo volvió a casa, pero tras enterarnos de que había tomado la firme decisión de abandonar. Yo creo que nos dio más pena a nosotros que a él, que la organización le invitó a cenar y le dio ropa limpia para poder volver a Ouarzazate al día siguiente e iba más contento que unas pascuas.

Día 12. 3ª etapa. 37,5 kms

Pepo se marcha a las 6 de la mañana. Nos quedamos un poco cojos, tanto como equipo como por grupo de jaima, pero lo importante es que Pepo está bien y que el resto seguimos adelante.
En la jaima 15, pasamos a ser 7

Mis compis ya llevan un montón de ampollas en los pies. A mí, el día anterior empezó a rozarme la cremallera de una polaina, así como la plantilla en la parte del puente del pie. Me lo tapé todo muy bien tapado para que no fuese a más y continué sin mayor problema. No sé por qué razón esta vez no he sufrido de los pies como en otras ultras, pero desde luego que yo misma aluciné de lo bien que los tuve durante toda la carrera (Antonio y Rocío decían que me tenían que haber dado un premio a los mejores pies del campamento). Creo que acerté en las zapatillas y en llevar calcetines limpios de dedos (marca injinji) para cada día.
Pie de Rocío, recién bordao

Antes de salir, justo delante de mí, está de nuevo Kevin (el de la banderita del cáncer de próstata). Ya el día anterior me lo encontré por el camino varias veces. Debemos llevar ritmos parecidos. Pensé en hablarle, igual que hablo con muchos otros de distintos países con los que coincido, pero como verle me remueve mucho por dentro, no me atrevo.

El primer tramo hasta el CP1 del km10.6 se lleva bien. Se notan siempre esas primeras horas del día en que hace mucho calor, pero no tanto todavía. Dunas, arena, piedras, un jebel pequeño…un completo para empezar, vamos. Tras el 1er CP, más dunas y dunetes. Cuando ya viene un poco de llaneo y empezamos a alegrarnos todos…ñassss…un cacho jebel con un 12% de desnivel, que subimos en plan procesionaria.
Um jebelcito de nada

De nuevo disfruto subiendo la montaña. Un americano me dice… “qué bien subes!”…a lo que le respondo que sí, porque soy una mountain runner pero no una desert runner!!!...
Subidu, subidá

Cuando alcanzo la cima y me dispongo a hacerme un selfie con los que suben por detrás, se me asoma Antonio por la pantalla y me da un sorpresón. Él y Rocío llegan justo tras de mí. Nos besamos y abrazamos como si llevásemos cien años sin vernos. Decidimos bajar el jebel y seguir juntos. Antonio va tocado. No soporta ese penar largo y tedioso por el desierto. Me confiesa que ha estado llorando por el camino, de impotencia, de hastío. Rocío, aunque le va animando repite sin parar… “es que esto no me merece ya”.
Con Rocío y Antonio en la cima del jebel

Hablar nos reanima a los tres y encontrarnos con los andaluces al iniciarse de nuevo las dunas, también. Pepe (uno de ellos), va igual de negativo o más que Antonio, aparte de que muy católico no se encuentra, así que entre todos vamos poniendo a caldo durante unos cuantos kms a la organización, al Patrick, a las dunas, a la mochila y al calor.

Llegamos al CP2, km 23.5 y nada más pasar por control, me encuentro con Ximo. Allí está parado desde hace 45’ porque está pensando en abandonar. Está igual de negativo que el resto, asqueao de las dunas, de no poder correr por ellas y de lo largos que se hacen los kms caminando. Me paro con él, bebo, recargo botellas y le hago salir hacia meta conmigo. Antonio y Rocío se quedan en una jaima del CP para curarse las ampollas.

De ahí a meta, km37.5, le meto un rollo de muy señor mío. Hablamos de nuestros trabajos, de nuestros padres, de la vida en general…

Eso hace que el tiempo y los kms pasen más rápido. A mí tomar geles ya me provoca arcadas, por lo que Ximo me regala una bolsita de frutos secos preparados por su mujer, María, que me saben a gloria bendita.

Faltando poco para llegar a meta, nos encontramos con Cova (la fotógrafa), que nos hace posar como modelos (de alta costura, of course, aunque sucios como puercos), bajando de una montaña, con la luz por aquí y la luz por allá.
Foto hecha por Cova (fotógrafa y mamá de los españoles)

Pasamos el arco de meta, muy contentos…y delante de la cámara nos marcamos un bailecito agarraos que ríete tú de los patosos aquellos del programa “mira quien baila”.

Día 13. 4ª etapa. 84,3 kms

Llegó el día. La etapa larga. Esa a la que todos temen y a la vez, desean llegar. La mayoría tiene claro que si la acaba, se lleva Sables en el bolsillo. De ahí que nos levantemos muy nerviosos. Rocío y yo lo comentamos. Vamos a ver a Pepe (el andaluz), que la noche anterior tuvieron que acabar poniéndole suero. Está mejor y sigue, lo cual nos hace muy felices. 
Le cantamos el cumpleaños feliz a nuestro compi de jaima y equipo, Ximo…vaya día de celebración el pobre!
Regalito sorpresa de su hija por su cumple


Alberto (el otro fotógrafo de los españoles), nos avisa y nos vamos todos juntos a animar a Chema para la etapa larga, que los 50 primeros van a salir 3h más tarde que el resto. Chema va 3º y todos le queremos en el pódium. Es un tío grande. Habla con todos, anima, da fuerzas…siempre con la sonrisa en la boca.

En nuestra jaima está Machi, que también va a salir con los 50 primeros (muy a su pesar). A Machi le coges un cariño enorme en poco tiempo. Es un crack de los que va en cabeza pero el más humilde de todos los corredores que yo conozco. De hecho, cada día al llegar y preguntarle lo que ha tardado, ves que le da hasta vergüenza decírtelo. Se preocupa mogollón por todos nosotros, nos intenta decir trucos para pisar este tipo de arena o aquella, nos habla de sus carreras o de su vida y nos deja encandilados. El 3er día intentó ir más lento porque no quería quedar de entre los 50 primeros. Cuando vino la de la organización y le dijo que sí que entraba, nos moríamos de la risa.
Machi, el maquinón de la jaima 15

Yo estoy muy animada. Como me dice Paco (el alzireño, que está en la jaima 14…vecino nuestro)… “hoy es tu día, que a ti te gustan las ultras”!...

Empieza aquello muy bien. Con el primer tramo hasta el CP1, km 9.7, con piedras, pero muy corrible. Además, empiezo por fin a notar menos peso en la mochila (unos 7 o así con el agua). He regalado geles, barritas, comida, todos los calcetines de los días anteriores, la ropa térmica de dormir porque al no hacer frío, no la usaba…y me he quedado con lo justo para la larga y el último maratón.

En el CP1 me encuentro con el equipo de los canarios y sigo con ellos hacia el super mega jebel espectacular que vemos ante nuestros ojos. También ante mis ojos va Kevin (el de la banderita del cáncer de próstata otra vez).

Sin escaleras ni nada, tú...
Ya casi tocando las nubes
Con mi compi alzireño, Paco

La subida es espectacular, tanto verla desde abajo como subirla. Me encuentro por el camino a Paco (de Alzira) y poco después a mi compi de equipo, Edu. Subimos juntos hasta arriba, en fila india, que se ha hecho un tapón tipo rebajas del corte inglés. Cuerdas para acabar de rematar el último tramo y poco a poco, llegamos a la cima. Posterior bajada montañera sorteando un pedregal enorme hasta que por fin llegamos a tierra firme…perdón…a dunas y dunetes, por si se nos olvidaba que estábamos en el desierto. Voy con los canarios. Me queda muy poca agua y voy justa para llegar al siguiente avituallamiento. Ellos me tranquilizan porque les queda de sobra.

Cuando ya se puede correr, disfruto hasta el CP2, km 21.7, lo que no está escrito. Voy muchos ratos con Miguel, de Barcelona, con el que también me fui encontrando montones de veces toda la semana. Hablamos de los distintos arroces valencianos, de cervezas y coca-colas frescas, de papas y aceitunas…(qué malo es pasar hambre!!).

Poco después nos adelantan los que van en cabeza. Chema va delante de los marroquís. Nos desgañitamos animándole. Qué maravilla verles correr de esa manera, como si no les pesara la mochila, como si la arena fuese totalmente llana…

Del CP2 al CP3, km 35, pasamos por un pueblecito donde un chavalín nos da la alegría de mojarnos con una manguera, cruzamos un lago seco de tropecientos kms (menos mal que llevo la compañía de Nicolás, un chico valenciano que vive en China y con el que me pego una charla super amena), me pasa mi compi de jaima Machi (parándose y todo a darme dos besos el tío máquina) y antes de llegar al CP, subidas de dunas hiper altas, con un calor infernal, que me hicieron llegar al CP3, hecha un trapo. Derretida, sin apenas fuerzas…
Nico, el valenciano-chino con el que cruzo "el lago" (más seco que una pasa)
LLegada al pueblecito

Paro en el CP3, decidida a comer allí mi liofilizado de rigor y de paso esperar a que el sol baje un poco. Me meto en una de las jaimas y allí me encuentro a Rocío y Antonio!!...Qué alegría más grande!!...

Les digo que de pensar que me quedan 50kms, me entran ganas de llorar.

Rocío me dice que ella ya ha estado llorando. A las dos se nos humedecen los ojos.

Saco mi cazo y hornillo y me caliento el agua. Como sin hambre (sin hambre de liofilizado, que me hubiese comido una vaca y un cerdo, siendo vegetariana). Hablamos, nos animamos y decidimos salir juntos 45’ después, para continuar (teóricamente hasta el km65 donde queríamos parar a dormir).

Cuando llegamos al jebel del km 38.5, con un 13% de desnivel, yo quiero morirme. No puedo
seguirles el paso. Les pido que se vayan y me dejen. Tengo momento bajón que necesito gestionar a solas. No puedo con el calor y ya me molesta de nuevo la mochila. Me molesta el paisaje, el cielo azul y ver correr a los escarabajos. Mi cabeza tiene el chip negativo puesto en marcha y contar lo que me falta me hunde en la miseria. Y dunas y más dunas y el sol que no se apaga. Lloro y le pido fuerzas a mi papi. De repente empieza a soplar algo de aire y eso me hace sonreír. Vuelve a rozarme la bandera.
Dirección a la nada

Voy con dos chicas de Hong Kong, que van igual o parecidas a mí. A una francesa le da un calambre en el psoas que la hace caer a la arena del dolor. Veo a lo lejos ondear la bandera de Kevin…increíble verle otra vez ahí.

A la misma vez que el sol empieza a esconderse, yo empiezo a revivificar…y así como por arte de magia, vuelvo a sentirme bien de nuevo, con ganas, con ilusión y con sensación de capacidad total.

Animo el paso, firme y seguro. Un voluntario me ayuda a poner la luz posterior que has de llevar para que se te vea en la oscuridad. Yo que temía a la noche por el desierto, empiezo a sentir que va a ser cuando más voy a disfrutar.

Y así lo hago, así sigo. Me sigue un montón de gente, dunas arriba y abajo. Voy durante kms marcándoles el paso. A ratos me da un poco de yuyu por si me pierdo porque pienso que se vendrán todos detrás, pero las luces verdes del camino van guiándome bien y no doy tregua.

Paso el CP4, km45. Ya es totalmente de noche. Paro a rellenarme las botellas de agua y sacar una barrita y un gel a ver si soy capaz de tragarlos (llevo ya un par de días que me resulta imposible ingerirlos, porque me dan un ascazo brutal). Hasta el CP5, no quiero parar a cenar, así que no me queda otra que engullir sin pensar.


Sigo fuerte y con buen ánimo durante los siguientes 10kms. La ilusión de pararme a cenar me lleva a subir dunas y pedregales con todas las ganas del mundo. Voy hasta cantando canciones de Iván Ferreiro (no llevar ipod es lo que tiene, si quieres escuchar música, o cantas o cantas).

Un par de kms antes de llegar, me topo de bruces con un chaval francés, que me pega un susto de muy señor mío (pues estaba totalmente a oscuras) y es que el pobre, intentando cambiar las pilas a su frontal, una de ellas, le había caído al suelo. Le alumbro y le pregunto de qué color es…amarilla, nada menos…entre la arena, ni un camaleón, vamos. A medida que va llegando gente, todos van parando a buscar. Finalmente aparece y seguimos en tropel hasta el 55. El cielo es maravilloso y la luna brilla como nunca antes la he visto, super cerquita de nosotros. Apagamos un ratito los frontales para ver las estrellas brilar. Brutal!

En el momento en que cruzo el control del CP5, veo delante de mí a Rocío y Antonio, que también acaban de llegar. De nuevo alegrón, aunque la cara de Antonio es de exhaustividad total, y el decirme que no siguen y que se quedan allí a dormir, casi que ni me sorprende.

En ese CP hay hamacas, dan té caliente y dulce, hay música y buen ambiente. Aquello parece un chill out y da una pereza irse que no veas. Encima están también por allí los sevillanos, con los que me río y charlo un rato.

Me meto con Antonio y Rocío en una jaima casi vacía en la que van a quedarse a dormir y nos preparamos la cena, juntos. Al acabar, nos despedimos. Yo aún me encontraba bien y quería seguir hasta el CP6 (km65) para dormir allí y me quedasen menos kms al día siguiente.

La salida del CP5 es un cuestón que te mueres. Al llegar arriba me encuentro con el francés del frontal. Bajamos juntos por la arena, que al estar tan vertical, te obliga a correr sin ver un pimiento. Me caigo un hostiazo y estiro tanto una pierna que me da un tirón en el gemelo derecho. El chico francés me ayuda a levantarme y yo sin poder parar de reírme (hasta que noto el tirón y se me corta la risa de cuajo). Voy masajeándomelo y caminando rápido durante un rato. Parece controlado, así que me tranquilizo.

Alcanzo a dos chicos de Sudáfrica, que van a un ritmo rápido y llevan unos frontales como luces de estadio de fútbol (y no como el mío, que alumbraba menos que una luciérnaga). Me uno a ellos. Hablamos de su país, de la ultra de Namibia, de aquel desierto comparado con éste, del Al-Andalus (que también la conocían) y de España. Así hasta que llegamos al km63, faltando 2 para el CP, que me da un apretón de escándalo (yo creo que del gel), que no me puedo aguantar. Les digo que sigan y yo disimulando me quedo atrás.

En un minuto ya veo una fila de corredores tras de mí, así que apago mi frontal y me voy para un lateral…¡¡y empiezan a perseguirme!!...Son ingleses, les digo que no me sigan que voy a mear y allí como puedo me agacho, tapando con las manos las lucecitas que hace el gps que llevamos enganchado a la mochila.

Y problemón!!!...en ese mismo momento, recuerdo que llevo desde el día anterior sin pañuelos, ni papel de wc ni de nada que se le parezca, que ya se me ha terminado todo (de hecho ya iba mendigando trocitos de papel a mis compis hasta para mocarme) y estando allí, a oscuras, en posición cuclillas sin saber cómo solucionarlo, empiezo a rebuscar por los bolsillos externos de mi mochila para ver si milagrosamente encuentro algo. Me aparece una bolsa de las marrones (nos daban 3 al día para el cagaero) y las medias de compresión que ese día no me había puesto. Ellas fueron mis salvadoras. 40€ más a la basura a estas alturas, ya daba igual, pero el culo de la menda, tenía que seguir limpio sí o sí. Rasposas eso sí, llenas de arena de los días anteriores y a partir de ese momento, metidas en la bolsa marrón con destino la basura del CP6.

Con el estómago y la mente relajados, empiezo a correr, queriendo llegar pronto al CP6. Veo cada vez menos con mi frontal (ya estaban las pilas para cambiar) y piso una piedra de esas negras gordas, que me lleva a girar el tobillo izquierdo total. Me asusto mogollón y del dolor me entran ganas de llorar. El cansancio acumulado y el no llegarle bien el riego al cerebro, hace que empiece a pensar que si paro en 1km, luego se me hinchará y no podré acabar la etapa larga, que no puedo dejar sables a medias por culpa de un puto esguince, que con todo lo que he sufrido en las otras etapas, con un dolor de tobillo he de poder aguantar.

En ese momento decido que sigo, que no voy a parar hasta el final, que seguro que al mantenerlo en caliente, podré terminar sin más.

Y en el CP6, km 65, solo rellené de agua.
Y en el CP7, km 75, solo rellené de agua y meé.

Y tras una recta odiosamente larga (desde el CP7 veías las luces del final, pero estaban a 9kms), llego a meta, km 84,3, a las 5 de la mañana.

A la vez que amanece con un cielo rojo espectacular, tras 21h seguidas por el desierto.

Cruzo la línea, aquello pita y yo lloro. Lloro sin consuelo, de felicidad, de tristeza, de orgullo, de grandeza…

Salen los comisarios de carrera y me empiezan a abrazar.

No puedo parar de llorar. Me cargan con los 4.5l de agua de meta y sigo llorando. Camino lentamente, observando el campamento dormido, en silencio, llorando. Paso entre las jaimas y recibo los aplausos de los que siguen despiertos, que acaban de levantarse o que también acaban de llegar. “Merci” solo me sale decir… “merci”…
Tras la etapa larga. Relax en la jaima (leyendo los mails)


Sorpresa del día!!...La organización nos da una coca-cola!!!

Día 14. 5ª etapa. 42.2 kms

Ximo ya no está. Al llegar a la jaima tras la larga, le vi durmiendo allí ya y supe que había abandonado. Machi se despertó al oírme llorar y así me lo confirmó. A las 7 de la mañana se fue con la organización y los últimos abandonados hacia Ouarzazate. Me dio muchísima pena, además de porque tenía claro que él podía acabar Sables y más, porque había sido un gran compañero, con el que me reía barbaridades todos los días y sabía que notaría mucho su falta. Pero bueno…cada uno tiene su momento para hacer las cosas y tomar sus decisiones y muy a mi pesar, tenía que respetarle (aunque si el día anterior, en el km35 que fue donde abandonó, le llego a pillar, le engancho de la oreja y no se va ni de coña).

Última etapa (clasificatoria, la solidaria, solo cuenta como paseíllo por el desierto).

Todos sentimos que con esta etapa, Sables acaba y que si has llegado hasta ahí, te llevas la medalla a casa.
Cada vez somos menos, cojones! (Edu y Machi, en el wc fijo)


Con Chemita antes de arrancar

Dan 12horas para terminarla, más que ningún día exceptuando la larga…y es razonable visto el campo de batalla. Va tanta gente cojeando, arrastrando los pies como puede, que si no diesen ese margen, algunos no llegarían.

Yo me siento muy entera. No me duele absolutamente nada, ni los pies ni los músculos ni siquiera la espalda. La mochila por fin es un placer cargarla (unos 5kgs entre el agua y el resto de cosas que me quedaban).

Rocío me la acopla bien (qué suerte he tenido con mi Roci…con 11 años menos que yo y ha sido casi como tener a una madre a mi lado; mi chica, siempre cuidándome y protegiéndome), me la aprieta bien fuerte contra la espalda para poder correr sin que se moviera ni un milímetro.

Nos abrazamos, besamos y despedimos todos. Todo el mundo canta el “highway to hell” más fuerte que nunca. Es el último y la felicidad vuela incluso más alta que el helicóptero.

Salimos con fuerza, corremos con ganas. El llevar menos peso es un alivio como nadie puede imaginar.
Levantándome la falda para el cámara



Culo fuera!

Llegamos al CP1, km 13.5 en un ná y menos. Oigo a los voluntarios comentando que los primeros están a punto de llegar, así que espero mientras me relleno las botellas, para poder animar a Chema a grito pelao.

Pasan Rachid (el líder de Sables toda la semana) y 3 de sus colegas de equipo. No está Chema. Todos los españoles que estamos por el CP, ya preocupados. Por fin le vemos llegar. Le han hecho parar a cambiarse el dorsal y ha perdido un tiempo de oro. Qué rabia nos da!...Aun así, mereciéndolo más que nunca, nos dejamos la voz animándole. Algunos corren tramos a su lado para darle fuerzas. Es muy emocionante verle…
Chemita volando

A partir de ahí empieza un tramo largo de dunas, sube baja, pero que se hacen amenas al estar adelantándonos los 200 primeros sin parar.

El CP2, km 24.2 no se hace esperar. Han llegado familiares de corredores y da una gran ilusión llegar y que estén todos juntos allí gritando y animando como no ha habido ningún día.

Poco después de pasar el control, veo a lo lejos la bandera del cáncer de próstata de Kevin. La lleva ondeando tan alta, que se ve a varios cientos de metros. Pienso en que en nada le alcanzaré por última vez y me da penita no haberme atrevido a hablar con él en toda la semana.

Llego a su altura, como otros días y de repente…él me habla… “Keep going España, only 8 miles to go” (vamos España, solo quedan 8 millas para terminar). Se me acelera el corazón, me pongo super nerviosa, pero decido hablarle tras darle las gracias.

Le confieso que le he estado viendo cerca de mí en carrera toda la semana, pero que no era capaz de hablarle porque mi padre murió de ese cáncer que lleva en su bandera dos meses atrás. Súper cariñoso me dice que mi padre va conmigo y que debe estar orgullosísimo de mí por lo que estoy a punto de conseguir. Se me saltan las lágrimas…pero respiro y me aguanto para poder seguir hablando con él. Le pregunto si está en alguna organización de lucha contra el cáncer. Me responde que lo lleva para concienciar, porque él tiene cáncer y le han dado 3 años de vida. Se le saltan las lágrimas a él. Seguimos uno al lado del otro, los dos llorando, callados. Me da la mano y vamos cogidos así durante un rato. Paramos y nos damos un abrazo fuerte, con el que dejamos perplejos a todos los que nos van pasando.

Vuelve a hablarme, preguntándome si la niña de mi bandera, que está junto a mi padre, es mi hija. A partir de ahí cambiamos el chip y volvemos a la alegría. Hablamos de sus 3 hijos, de su mujer, de nuestras vidas. De ahí al CP3, km 34, me da una lección magistral de vida, de sueños y de ilusión por cada día.
“No importan los años de vida que queden, importa que queden los que hayas vivido…que queden en ti vivencias, sueños cumplidos, sensación de plenitud, orgullo de ti mismo al sentir que lo que vives es realmente lo que deseas vivir. Piensa en si vivió así tu padre, que seguro que sí teniendo una hija como tú y no estés triste”.

Hubiese querido grabar la conversación entera, porque al separarme de él tras el CP3 (se quedó para tirarse agua y no tenía suficientes botellas, yo le di la mía, pero esperó a que algún corredor dejase alguna otra medio llena), me fui pensando en todo lo que me había dicho y me sentí feliz. Comprendí porqué estaba en Sables, el sentido a haber sufrido y llorado todas las etapas y el por qué se había cruzado él en mi camino cada día.

Del 34 a la meta en el km42, solo recuerdo que corrí, sintiéndome libre, plena, fuerte y más unida a la vida y a mi padre que nunca.

Y tras algo más de 55horas, crucé la última meta de mi último sueño, con mi padre a mi lado, con todos los Kevin del mundo de la mano. Y lloré, me quité la mochila, desenganché mi bandera y la besé, señalando a quien me dio la vida, a quien me enseñó a vivirla con intensidad y alegría, a quien vivirá por siempre en mí mientras yo exista.


A mi papi.
Marathon des sables, 2016.
Meta MDS 2016

* La carrera solidaria de 18kms del día siguiente (que hicimos caminando tranquilamente todos los españoles juntos), fue dedicada a todos y cada uno de los que me escribieron mails (Juan y mi Luna, Elena Alonso, Syl González, Mlou González, Elena Amat, Ana Camacho, Sergio-Mayayo, Sandra Domínguez, mi sister Mer, Josero, Marisol Poveda, Pepe Ducson, César Vázquez, Patri Cuñat, Julian11, Esther López, Amparo García, Manuel Ángel, Bibi Rodríguez, Bea López, Maripuri, Félix Méndez, Manuel Maldonado-mister, Rosa Araques, José Ramón Gutierrez, Alfredo-Furi, Carlos-Kamax, Noe de la Concepción, Anabel y Cristian, Javi Sanz, Víctor Císcar, Rosa Sanchis, Josep1, Pablo Fernández, Víctor Blanco, Víctor Martel, Susana García, Magda-cousine, Ely y Miguel, Soraya Bolinches, Bj-Perpi, Xelvático, José Herber, Coque Sáez, Elena González, Mari-cuñá, Transi, Mª Isabel Blanco, Cris Blay, Alfred March, Pablo López, María Elegido, José Pepe, Robertito y Marisa, Victoria Llopis, Mauri Lobato, Cindy Valero, Sara Pozo, Kike Parra, Amor Sala, Julia-sobri, Debbie-Fer-Alicia, Mª Angeles Cuenca, Manú Domínguez, Juan Pinel, Vicent-Jevy, Lili y Cirilo, Cristina Jiménez, Santiago de Ossorno, Sagra Llopis, Fani Añó, Rut, Noguera, Sandokan, Remei, Amparo Ordaz)
A todos, 257 millones de gracias ♥

* También dedicada a familiares, vecinos y amigos que estuvieron muy pendientes de toda la información enviada por mi prima Syl, que fue quien se encargó de hacer llegar a todo el mundo mis mails diarios.

* A la mamá de Ana Camacho (que falleció la semana anterior a la carrera).
* A mi entrenador, Manuel, que una vez más, ha rebosado paciencia y saber hacer.

* A mi madre y mi hermana, por esa fiesta sorpresa que organizaron a mi llegada y por hacerme sentir lo orgullosas que están de mí. No las puedo querer más a las dos.

* Y aparte de gracias, un “OS QUIERO” más grande que una duna, para mis compañeros de jaima. La jaima 15:
Antonio, Rocío, Machi, Edu, Hoffman, Ximo y Pepo.
Ha sido un verdadero placer compartir con vosotros esta aventura. Sois todos muy grandes (y unos liantes!!...que ya me están haciendo pensar en la siguiente!!).

* Al resto de españoles de Sables 2016, que me encantó conocer y a la gente de la organización, que fueron espectaculares.

Puto infierno, desierto del Sáhara, a ti también, gracias.

El post:

# En Ouarzazate pasamos dos días espectaculares. Nos costó varias duchas volver a estar limpios y varias comilonas dejar de tener hambre.
# Rocío y yo disfrutamos de un hammam de los de allí, donde las mujeres del lugar se encargaron de dejarnos relucientes. Experiencia tremendamente especial que nunca olvidaré.
# Bebimos cervezas al querer, fumamos y bailamos canciones top hit tipo "macarena, bomba y chikilikuatre".
# Nos compramos medio bazar.
# Y como por arte de magia, Kevin, volvió a aparecer para poder despedirnos, cuando menos lo esperaba.

miércoles, 6 de abril de 2016

Marathon des Sables 2016....ya voy!!


Mi bandera para Sables.
Llevo un mes obsesionada con los gramos. Todo pesa barbaridades y nunca antes me había dado cuenta.
Preparar una mochila para la autosuficiencia, es harto difícil y cuando por fin la tienes toda organizada y “empuzzlada” (que quepa todo es peor que hacer un puzzle de 100.000 piezas), empiezas a dudar hasta de si los imperdibles serán los correctos…
si cerrarán bien, 
si no se romperán la 1ª vez que enganches el dorsal, 
si tendrían que ser más grandes, 
o ser más pequeños, 
si es parte del material obligatorio porqué cojones la organización no habrá especificado talla…
en fin…que, hablando mal y en plata, una puta locura!

Pero aquí estamos…a punto de volar hacia el desierto, casi sin pensar (si pensara mucho, no subiría al avión), con casi la misma cantidad de miedo, que de ilusión.

Mis compis de equipo Drink team, Pepo, Edu, Jose y Ximo, son gran parte de esa ilusión, que sin ellos, el camino hecho hasta ahora, habría sido muy diferente (y solitario).

Dicen que uno de los momentos más emotivos del día es el de la entrega de mails de familiares y amigos, así que el que quiera dedicarme unas palabras, que seguramente agradeceré con el alma y el corazón hasta decir basta, podrá entrar en la web www.marathondessables.com y donde ponga “ecrire à un concurrent” o “write to a competitor”, poner mi nombre y mi dorsal (432) y dar rienda suelta a la narrativa (con unos besos, abrazos y fuerza, seguro me llegará de sobra; soy pequeñita, me conformo con poquito).

También vais a poder seguirnos en vivo y en directo, ya que llevamos unas balizas satélite en las mochilas, dándoos de alta en este link http://live.marathondessables.com
(espero que no sea en imágenes, a ver si me vais a ver hasta mear!!!).

Y con esto y un bizcocho, hasta mi vuelta, el día 18.

Os llevo a todos conmigo (en el pensamiento, que en la mochila no me cabe ni una aguja!).

Va por ti, papi.




lunes, 1 de febrero de 2016

Maratón de Sables 2016


9 semanas de cuenta atrás. 

1252 participantes.
56 españoles. 
5 mujeres españolas. 
Mi dorsal, el  432.

Acaba de terminar el peor mes de Enero de toda mi vida. 

* Con él, se fue mi amado papi, algo, que me costará todavía mucho tiempo asimilar. 
* En él, cumplí 44 años, único día bonito del mes a recordar, pues así lo quiso mi padre, que consiguió hacerme reír entre pasteles de chocolate y champán.
* Por éla medio paso de cancelar mi participación en Sables, decidí que no le podía fallar.

3 días antes de fallecer y cuando ya las dosis de morfina le llevaron a delirar, nos sorprendió con su alegría por estar viviendo las fiestas de su pueblo gallego, oyendo la música sonar y queriendo que se sacaran todas las botellas de vino reserva. 

Junto a esa ilusión añadió la mía, cuando de repente, quiso saber con toda la curiosidad de la que fue capaz, cómo me había ido el maratón.

No había ningún maratón, de hecho yo llevaba muchos días sin correr, tanto por desmotivación, como por falta de fuerzas. Meses de empezar y no acabar de arrancar, entre fascitis, adaptación a plantillas, un esguince, entradas y salidas de mi padre al hospital. Era como si todo confabulase para que no fuese a Sables…y yo, lo hubiese aceptado así ya.

Hasta ese día. 

Ese día decidí que iría a Sables, porque aunque de entrenamientos sé que iré muy corta, voy a llevar conmigo toda su fuerza, su ilusión y su alegría. 

Mi padre vivía mis carreras casi como yo misma. Siempre creyendo que iba a ganarlas todas. Alegrándose de verme después tan feliz, aunque no ganase ni una. 

No puedo quedarme llorando por los rincones ni dejar de vivir lo que sé que me hará feliz, porque sé que eso no le gustaría. Por él. Por mí.

Allá voy papi!!...me arrastraré y detestaré la arena hasta rabiar, pero voy a pelear por conseguirlo, tanto, como peleaste tú hasta el final.

Ahora toca ponerse las pilas, en estas pocas semanas que quedan. 
Centrarme en el material a comprar, en los vuelos, en mis compis de equipo, en la alimentación, los entrenamientos… pero a la vez y por encima de todo, en vivir el duelo.

Porque no voy a negar mi dolor; voy a permitirme sentir la pena;  voy a llorar y a reír cuando así me venga. 
Quiero aprender a recordar a mi padre con una sonrisa, recordar lo divertida que me hizo ver la vida, pero sé que no podré hacerlo si bloqueo ahora la tristeza que siento. 

Ha empezado Febrero y con él, mis ganas de ponerme en modo ON.

Ganas de todo. Ganas de nada. Pero ganas al fin y al cabo…que por las ganas se empieza.