martes, 14 de julio de 2026

SUBIDA AL PICO DE VALLIBIERNA (3.067 m)


"Te deseo que estés vivo cada día de tu vida"Jonathan Swift

 

Tras pasar un larguísimo túnel perforado en la propia roca montañera, damos de lleno con el maravilloso entorno que rodea al Embalse de Llauset (2200m).

Dejamos los coches en el parking e iniciamos el tedioso momento del ¿qué me llevo, qué me dejo en el coche, hará mucho frío, hará calor, lloverá, necesitaré esto o mejor sería coger aquello?...

Da igual lo que hagas, nunca aciertas.

Empezamos el bonito camino de ida hacia el Refugio Cap de Llauset. 

Nos acompaña la sinfonía de la naturaleza, trueno va, relámpago viene. Se va poniendo el cielo gris y pinta mal la cosa.

Nada, esto es increíble… ¿de verdad que no podremos hacer nunca un reto con un clima que no lleve el apellido “adverso”?

No había prisa al principio, así que iniciamos el ascenso tranquilos, subiendo y charlando…pero de los truenos a la lluvia, hay como del amor al odio, y en menos que canta un gallo, ya tenemos que echar mano de los chubasqueros y poner en marcha el modo turbo.

Llegamos mojados, pero llegamos sin percances.

El refugio está chulísimo, después del Toubkal, cualquier refu nos habría parecido un cinco estrellas, pero éste en particular, está muy nuevo y muy bien cuidado (aunque regentado con un poquitico de mala leche, todo sea dicho).

Nos organizamos en habitaciones de 6, nos duchamos y cambiamos y como es habitual en los refus, nos ponemos a cenar a la hora de las gallinas (no salgo hoy del corral!).

No hay cobertura y el wifi está a 1€ los 10’; si hay suerte y te funciona.

Siempre es un lujazo disfrutar de esos lugares en los que desconectas de la realidad por falta de cobertura. Nadie mira el móvil, todos hablan con todos…de repente, la vida social vuelve a la vida.

Hasta que llega la hora en que España se juega el mundial frente a Bélgica.

Ahí no hay desconexión que valga.

Entre una tablet y un móvil lo vamos viendo. En el móvil marcan el gol vencedor con segundos de antelación, lo que provoca un spoiler de libro a los que lo miran en la tablet. Una risa.

Al final todos contentos a dormir al mismo tiempo.

Cris nos dice antes de acostarse que se nota como si tuviese gripe, que no se encuentra bien pero no sabe qué le pasa.

Despertador, desayuno y a las 7:30 de la mañana nos ponemos en marcha hacia el pico de Vallibierna (3.067m).

El camino es precioso, lleno de joyas paisajísticas como son los ibones (lagos glaciares).

De pedruscos también está lleno, de todos los tamaños imaginables, así que toca ir de oca en oca cuando son grandes y con pies de plomo cuando son pequeños.

Voy delante de Cris y me comenta que le va bien que le vaya marcando el paso. Vamos sin prisa, pero sin pausa…bueno, alguna que otra pausa sí, que sin fotos y sin hablar, una no sabe caminar.

Cris empieza a sentirse mareada y paramos a descansar.

No es mareo, tiene mal de altura, nos dice Eulogio cuando viene a verla y hablar con ella.

Decide quedarse y esperar a sentirse mejor para poder bajar. Me da penita porque iba súper bien y quería subir con ella hasta la cima, pero no elige un@ cómo le sientan las alturas.

Seguimos subiendo y disfrutando del espectáculo que nos ofrecen los Pirineos. Vemos el Aneto a lo lejos, nuestro punto de inicio y unión, nuestro templo alpinista para siempre. 

Hacemos una paradita, solicitada con cara de perrito, a Eulogio. En cuanto alargamos un rato la charla, las meadas varias y nos ponemos hasta a comer, Begoña le recuerda que ha sido él quien ha abierto la caja de pandora. ¡Si es que nos das un dedo y nos cogemos hasta los de los pies!

Es lo que tiene descansar, que se lo digan a los asiduos a las "paradas del hijoputa" 😂😂

Continuamos y parece que tenemos cerca ya la cima, pero empieza un tramo enorme de subida en zigzag, que ni en los más grandes aeropuertos. El día de la marmota se cumple a rajatabla…a ellas las puedes avistar por la zona y tú ahí vas y ahí vuelves, unos pasos a la derecha, otros hacia la izquierda, una y otra vez.

De repente, alguien dice: “ya está ahí la cima, donde veis a Félix es el final”.

Voy con Marina, cerca de Inma y de Nathalia. Estamos a la altura de la cima, pero no lo es del todo. Toca crestear hasta llegar donde está Félix.

Inma, Nath y yo tenemos vértigo. Ellas deciden que se quedan en ese tramo.

Yo me pongo en modo “orejas de burro” mirando únicamente los pies de Marina por detrás y la sigo.

Si mirara a mi alrededor, no sería capaz de dar un paso, así que no pienso en nada, únicamente en llegar hasta Félix.

Y Félix que no para de alejarse y alguien que no para de repetir, “es allí donde Félix”.

No sé lo que mide de largo aquella cresta, pero mecagoentodoloquesemenea lo larga que se me hace. “Félix deja ya de alejarte, mamón!!”.

Por fin llegamos, Marina y yo nos abrazamos. Otro reto más juntas. Justo un año antes nos dimos el mismo abrazo en la cima del Aneto. 

¡Cuánto vivido ya en tan poco tiempo, tantas montañas, tantas risas!¡Cuánto hemos echado de menos a nuestros lesionados Anita y Manu!.

Nos felicitamos unos a otros, nos hacemos mil y una fotos y por fin, me como el bocadillo de jamón más deseado, cutre y caro de la historia.


Lo hemos vuelto a conseguir, a demostrarnos y a demostrar que los límites solo están en nuestras cabezas. Somos valientes, fuertes y constantes y para los reumanetix, rendirse nunca ha sido una opción válida. 

¡Qué bonito es jugar a creernos invencibles!...¡qué bonito jugar formando parte del equipo vencedor!

Que nada nos pare nunca, ni las vueltas cortas, ni las muy muy cortas 😉

Gracias Félix, Marina, Nath, Fresi, Àngels, Cristóbal, Begoña, Eulogio, Cris, Caro, Jose, Inma y Montse, por hacer de la montaña una ilusión. Os quiero mucho ♥

 

miércoles, 15 de abril de 2026

SUBIDA AL TOUBKAL 4.167 m

6 años sin escribir por aquí. Cuántas vivencias y cuánto aprendizaje durante todo este tiempo...

Me hace especial ilusión volver a activar este blog con mi vida junto a mis reumanetix.  

Nunca estaré lo suficientemente agradecida a mi médica/amiga Àngels Martínez y a Óscar Saludes, por haberme traído hasta aquí. 

Al lío...


Lo último que podíamos imaginar, era que íbamos a ver diluviar al iniciarse el descenso del avión al llegar a Marrakech. 

Y es que esperar que todo suceda como uno quiere, cree o desea, ya sabemos que es cosa de ilusos.

La realidad siempre supera a la ficción. Això és aixina, que decimos los valencianos.
 
Toubkal entró en nuestra mente tan pronto como conseguimos coronar el Aneto (3.404m) el pasado mes de julio.
Lo de que un clavo saca otro clavo, sirve en todos los ámbitos de la vida y cuando te ríes y disfrutas tanto con un grupo de buena gente, dejar de hacerlo, acaba provocando mono, por suerte, fácilmente subsanable.

 
Llegamos a Imlil (1.700m), desde donde vamos a iniciar la ruta.
Sigue lloviendo y no se ven mucho las montañas de alrededor por la niebla y la humedad que hay.
No problem, somos montañeros de miedo 0, mientras que Manu mantiene la boca cerrada.
Conocemos a nuestro guía, Ibrahim y con él iniciamos nuestra aventura de 2 días hacia la cima.

 
El primer día tiene su miga; no es dar un paseíto montañero hasta el refugio en el que hemos de dormir, no…es subir un desnivel positivo acumulado de 1.500 m en unos 11 kms de montaña, pasando por la “aduana” donde nos controlan los pasaportes, parando a comer en Sidi Chamharouch donde se encuentra la piedra blanca y descansando en algún precario chiringuito en los que enfrían las bebidas rociándolas con mangueras.
 
El guía nos había explicado que la gente iba a rezar a la piedra blanca; por no desviarnos unos metros, ni fuimos ni rezamos. Cagada.

Tras un total de 5 horas y resbalones varios, ya que la nieve había hecho acto de presencia antes de lo esperado y no llevábamos crampones todavía, llegamos al refugio Les Mouflons. 
Contentos todos como idiotas, porque de los dos refugios era el más cercano (separados a una distancia de 200 metros).
Tal como entramos, nos toca salir porque se ha llenado hasta la bandera.
Nos envían al siguiente, al refugio Toubkal, y para allá que nos vamos, algunos ya como medio borrachos por la altitud (3.207m), sin haber bebido ni gota.


Pasamos la tarde a base de risas, de charlas, jugando al impostor, cenando a las 18h y preparando mochilas para el ascenso…haciendo cualquier cosa menos ducharnos (no es aquello el mejor de los balnearios).
Tras la cena, Ibrahím nos deja acojonaos. Nos avisa de que va a hacer mucho aire en la cima y de que las temperaturas van a ser tipo Siberia. Después de eso, Manu se encarga de que vayamos fundiendo del gris al color negro total.

 
A las 20.30, ya estamos todos en cama.
Somos 9 y compartimos literas con 3 extranjeros más.
Como duermo como el culo, voy preparada con unas pastis compradas adrede (dormidina), porque sino sé que teniendo que levantarme a las 3 de la mañana me va a ser imposible pegar ojo.
Algunos compis pasan de las últimas risas del día, a roncar como si necesitasen respirar todo el aire de las montañas.
Aquello se convierte en una fiesta de cornetas, que ríete tú de la semana santa andaluza.
Ni dormidina ni dormidino, la noche hasta las 3 de la mañana me ha dado para contar 1 millón de rebaños de ovejas.

 
3 de la mañana, ilusión y pocas ganas a la par.
Desayuno, bastones, mochilas, crampones, cascos, mientras vislumbramos en la oscuridad una retahíla de luciérnagas subiendo hacia el infinito montañil.
Un frío del copón. Dudando hasta última hora de si nos dejamos las mallas de dormir debajo de los pantalones (ignorantes).
  
Y para rimar, yo sin guantes.

Caro cuenta con dos pares, unos finos y otros gruesos.
Me deja los finos, y yo creyendo que en cuanto me ponga a ir caminito arriba, me van a sobrar.
 
Y por fin empezamos, en fila india, a ascender lo que creemos que va a ser coser y cantar. 
De 3.200m a 4.167m, total son 1.000m.
Dicen que no es difícil, que chino chano si arriva lontano.
Dicen que es facilito, que hasta niños han subido sin llevarles de la mano.
Dicen que hay senderito, que ni piolés hacen falta ni un esfuerzo sobrehumano.
 

Y una puta mierda.
 
Hace un frío infernal.
El aire y las bajas temperaturas nos congelan.
Vamos subiendo callados, sin valentía ni para sacar el teléfono y hacer alguna foto. 
Ibrahím tira para adelante sin parar a descansar y yo ya empiezo con mi danza del vientre por haberme tomado un gel.
Le pido que pare…”five minutes” me dice desde su posición en cabeza.
Yo que voy contando pasos hasta 60 para evadirme, sé que cada tanda es de aprox un minuto.
No sé los bloques de 60 que cuento y aquel que no para.
“Ibrahím, stop please!!!”…
En la oscuridad de la noche y con un frío que me hiela hasta la médula, me bajo pantalones y mallas tras una roca y me quedo nueva. Bueno, nueva tampoco, pero al menos más relajada.

 
Así seguimos, tras las filas de luciérnagas que suben y suben y que cada vez vemos más altas.


 
Empieza a amanecer y eso nos alegra, aún tenemos la ilusión de que salga un poco el sol y nos caliente. Por los cojones!.
Ibrahím tiene más guantes gruesos y cuando me ve sufriendo de frío en las manos, me deja un par.
Marina también necesita unos y tenemos la suerte de que él haya sido previsor.
Félix me propone dejar tirada la mochila y recogerla al bajar, me pesa un quintal y no puedo con mi vida. Ibrahím me la coge y se la lleva. 

Vamos observando cómo se nos va poniendo el pelo blanco, que ya no podemos beber agua porque se nos han congelado las camel bags, notando como el moquillo se transforma en estalactita y que el dolor de dedos de manos y pies se va haciendo insoportable.
 
Ibrahím nos dice que pararemos un poco en la loma, a 4.000 m.
Aún nos da la vida ánimo y felicidad para hacernos unas fotos.
Pero ahí llega el punto de inflexión.


Desde la loma vemos allá arriba, casi rozándose con el llavero de San Pedro, el triángulo metálico que decora la cima del Toubkal.

El aire es insufrible, duele la nieve dándote en la cara y sabemos que esos últimos 167m, van a ser de infarto.
Àngels dice que mientras hay dolor hay vida…y yo ya no tengo ni dolor siquiera en los dedos.
“¿Me los tendrán que amputar?” Voy pensando.


No sabemos por qué, pero nadie decide parar ahí.
Ibrahím tira hacia arriba y nosotros nos vamos detrás.
La ventisca yendo por la cresta es violenta y muy dura de gestionar.
Cada vez que cruzo la mirada con Fresi u otro compi, solo me sale decir: 
“hostia puta”.

Voy parando minisegundos a respirar hasta que Ibrahím viene y me dice al oído: “no pares, sigue aunque sea a pasos muy pequeños, pero no pares que te vas a congelar”.

Sigo como puedo.
De repente no sé de dónde sale, pero delante de mí va un chico marroquí tambaleándose.
Detrás llevo a Félix y le voy diciendo que no sé qué le pasa al chaval, que casi cae sobre mí.
Se pone de lado y cae entero sobre la nieve (menos mal que para la parte alta) y le veo con babas en la boca que se le congelan al segundo y totalmente ido.
No sé qué hacer. Le pregunto si necesita algo. Me dice que no.
Viene alguien a rescatarle y ya seguimos más tranquilos. 
Muy tranquilos no es que fuéramos, que la lucha contra las inclemencias, seguía ahí y cada vez era más heavy (entre -15 y -20 grados). 

Pero por fin asoma el triángulo de la cima y sentimos que llegamos.
Lo sentimos con el frío penetrándonos hasta los huesos y con una única alegría que compartimos por mayoría absoluta…”hay que bajar de aquí cagando leches”.


Ibrahím que es de otro planeta, le da la vida para juntarnos y conseguir hacernos unas fotos.

No sé ni cómo, pero somos capaces hasta de posar y algunos incluso, en ese preciso instante, sonreímos.

¿Y esa sonrisa es falsa?…pensé horas más tarde al ver la foto.

No, esa sonrisa es el reflejo de una actitud interior.
La del que pinta la adversidad de color de rosa para que todo sea más llevadero. 
No hay nada como creérselo para creárselo. 

Bajar desde la cima hasta Imlil, unos 18kms con un desnivel negativo acumulado de 2.500m, se hace largo, pero vamos tan contentos de ir bajando y buscando la zona a partir de la que no hay aire, que se nos van pasando las horas con rapidez. 

Hacemos varias paradas, un té reconfortante en el refugio, una comida sabrosa al solecito junto a la piedra blanca, un zumo de naranja recién exprimido en uno de los chiringuitos haciéndonos sentir como en casa y finalmente vemos Imlil desde lo alto.


Lo hemos vuelto a hacer. Hemos conseguido otro reto que nos planteamos porque nos creímos montañeros desde que empezamos a disfrutar juntos de la montaña. Creer, crear. 
Caminos compartidos durante año y medio que nos han llevado a querernos, a asociar montaña con amistad, a disfrutar de cada día que nos vemos.

Y mira que es curioso, porque muchas veces aún nos decimos unos a otros...
"Tu cara me suena"..."pero es de otras movidas" 😂

No somos un equipo, somos un equipazo y ya hemos aprendido que los límites son solo para cobardes. 


PD: gracias amig@s por estos días de aventura. 
Os quiero al por mayor, Félix, Manu, Tony, Marina, Pablo, Fresi, Laura, Àngels y Caro. 


jueves, 19 de marzo de 2020

Transgrancanaria advanced 2020


Esta crónica la empecé a escribir tras volver de la transgrancanaria. Hoy, día 19 de marzo, 10 días después de volver, sigo con una pequeña fisura en el dedo meñique de la mano, un bulto en el hombro y otro en la sien…pero dolores fuertes, ya no tengo. Me resulta extrañísimo pensar que tan pocos días atrás estuve en una carrera en Canarias, cuando en estos momentos, únicamente corro por el pasillo de mi casa. Un@ nunca sabe las vueltas que puede llegar a dar la vida en tan poco tiempo, pero lo que está claro, es que todo pasa. Ánimo a todos! Todo irá bien. 


Me duele un hombro, una pierna, las manos, la cabeza. Tengo agujetas y moraduras por todas partes. 
He sufrido psicológicamente como nunca había sufrido. 
Pero a pesar de la gran paliza que me dio la transgrancanaria advanced el pasado sábado 7 de marzo, sin duda alguna, volvería una y mil veces. 

Nunca antes había estado en Canarias, pero tener allí a mi entrenadora, que fuera parte de la organización (su marido es el director de carrera) y que viajar para correr, sea uno de los mayores placeres para mí, de la vida, para allá que me llevó de cabeza. A mi Juanito y a mi Luni, de rebote, también.

El viernes fuimos a recoger el dorsal, habiendo quedado allí con mi amigo Mariano y su chica. Mariano y yo somos amigos desde hace algo más de 2 años. Nuestros encuentros han sido siempre para vivencias intensas , pues siendo él argentino, nos conocimos en una carrera de 160 kms en el Himalaya, un año después me llevó de la mano a compartir con él y sus amigos los 125kms de Sables de Perú, después se vino a vivir a Madrid y pasó unos días en casa y esta vez nos tocaba reencuentro carreril en Canarias con 66 kms montañeros a compartir.
Como siempre, una alegría enorme volver a vernos, charlar, recoger dorsales, dar una vuelta por la feria del corredor y hacernos unas fotos.


No me llegó a sonar el despertador a las 4:30 según tenía previsto. Estaba más que nerviosa, por lo que a las 3am, ya tenía a mi mente subiendo y bajando montañas, pensando en el timing alimenticio planeado por mi entrenadora y cruzando los dedos para que el taxi llegase a la hora estipulada. Todo fue sucediendo como debía, hasta que me planté en la cola para coger el bus que nos llevaba al punto de salida (Artenara) y Mariano no aparecía. 
Los autobuses salían a las 5:30 y él, tan tranquilo desayunaba todavía en el hotel. Y es que el tío creía que los autobuses salían a las 6 (aún tuvo suerte y cogió sitio en las últimas plazas).


Llegamos 2 horas después a Artenara, por una carretera vertiginosa de curvas y vistas a precipicios montañosos, alucinantes.



Hacía frío, y allí que nos hacinamos los corredores en un cubículo grande y resguardado a esperar que llegara la hora de salida (1h30después). Daban desayuno a quien quisiera, ofrecían espacio  en el ayuntamiento y hasta en un monasterio para poder esperar tranquilos. Todavía no lo he dicho pero la organización de esta carrera desde luego es de 11 sobre 10.


Junto a Mariano la espera se hizo más corta y amena, tanto por nuestras charlas, como por reencontrarnos con una amiga alemana corredora con la que compartimos carrera en el Himalaya (el mundo es un pañuelo).


Y llegan las 9. Suena la canción “Ay mi Gran Canaria”, que me emociona sobremanera ya que tengo al lado mío corredores cantándola con todo su sentimiento…


Tras una pequeña vuelta por Artenara, nos dirigimos hacia las montañas. En el momento en que se produce el primer embotellamiento, me acuerdo de mi amigo Coke, pues siempre nos han gustado estos tramos que nos ofrecen las carreras para descansar (incluso sin estar cansados todavía; es que pecamos los dos de ser un pelín vagos).

El primer avituallamiento situado en el km 11.8, Tejeda, es simplemente espectacular. ¡Vaya preciosidad de pueblo!, me quedo maravillada. Allí suena música en directo y hay un ambiente de carrera muy especial. Oigo como el cantante del grupo dice: “qué raro es cantar y que el público salga corriendo”!!. Me hace reír mientras relleno mis botellas.
Intento estar concentrada con lo que he de tomar (que si sales, que si isotónico, que si geles, que si algo sólido cada 2h). No estoy acostumbrada, ya que de normal soy bastante desastre en eso y voy tomando algo según ganas (que suelen ser pocas). Pero esta vez voy a hacer caso y me obligo. 

Desde Tejeda hasta el siguiente punto de control, Garañón, la subida es mortal. Yo que veía desde lejos el Roque Nublo y no paraba de hacerle fotos por lo bonito que era…acabé teniéndole hasta tirria. La madre que me parió!!…pero si es que había que subirlo hasta arriba del todo!!!.



Hacía mucho calor. La compañía de un chaval francés me dio ánimos, ya que yo iba agobiada de tanto subir y él de tanto solazo. Desde el punto de control de Garañón hasta el siguiente avituallamiento, se me hizo un mundo de largo (km 25 o así) y además se me había terminado ya el isotónico. Llegué sedienta y cansada, pero contenta de pensar que por fin se habían acabado las subidas (según me dijo Mariano…que la verdad era otra bien distinta).
Intenté comer algo sólido y no hubo manera. Se me hizo bola el primer mordisco y a punto estuve de tirarlo todo fuera. Nada, que lo mío no es comer en carrera…

Del km 25 al 37.9 (Hierbahuerto) que estaba el siguiente avituallamiento, hubo de todo, bajadas, subidas, piedras para aburrir y una chica inglesa a la que tuve que socorrer, que de un leñazo que se había metido, tenía un corte enorme en una rodilla y no podía ni levantarse. Saqué esparadrapo que llevaba y otro chico que paró, sacó una venda. Allí como se pudo se le tapó y ya se quedó esperando a poder abandonar.


3er avituallamiento. Hierbahuerto por fin, después de una agoniosa subida (que para mí lo fue in extremis, porque un animador me dijo que quedaban 200m hacia arriba y aún quedaban casi 2kms). 

Hago un inciso aquí para avisar a los posibles animadores de carreras futuros, por favor, por querer dar ánimos a los corredores, no deis información falsa…porque os juro, que el desgaste psicológico es brutal cuando ves que no es cierto lo que te han dicho, además de que las maldiciones recaídas sobre vuestras familias pueden llegar a ser devastadoras si se cumplen…

Como voy empezando a sentir un poco de bajón energético, decido que voy a comer algo sólido por fin. 2 trocitos de plátano es de lo único que soy capaz de masticar. Eso, más medio litro de Pepsi que me bebo cual agua fresca de manantial. A esas alturas de la carrera, los geles ya no me entraban, el sabor del isotónico me resultaba asqueroso y hasta me parecía que el agua sabía igual.
Relleno mis botellas de isotónico y salgo del avituallamiento renovada (supongo que la cafeína de la Pepsi me había hecho efecto).

Cuando el terreno deja de ser en zigzag, de bajada pedregosa y peligrosa, empiezo a correr con ganas, cogiendo los bastones con una mano y quitándome las gafas de sol con la otra, para ver con más claridad. Voy sola en ese momento. Tropiezo. Pero a lo grande. A lo “y voló” del vídeo aquel que tiempo atrás se hizo viral. Caigo con el cuerpo entero sobre las piedras, dándome en la sien, la cara, el hombro y pierna izquierdos. Me arrastro sin piedad alguna, rebozada en arena cual croqueta. Se para el tiempo y mi mente. No me puedo levantar siquiera del mareo que siento.
Estoy asustada porque no sé qué puedo haberme hecho y al intentar levantarme, veo llegar corriendo a un tipo grandullón en el cual pongo toda mi esperanza.

No doy crédito a lo que veo, cuando me doy cuenta de que el tío está a punto de pasar de largo sin parar. Veo en su dorsal que no es español y le pido ayuda en inglés…¿por favor, puedes ayudarme a levantarme, que estoy mareada?...
Para, con cara de pocos amigos, me ayuda. Voy llenísima de tierra por todo y cuando miro una de mis manos, la sangre me chorrea. Como llevo isotónico en mis dos botellas, le pregunto si él lleva agua para poder limpiarme un poco…y el tío, en su alemán nativo del que no entiendo ni papa, noto como se pone a refunfuñar. Me tira un chorrito mínimo y como ya me está poniendo de mala hostia su poca consideración, le doy las gracias y le digo que se vaya. 
Añadido a eso, mientras estoy de pie con los bastones en la mano y él echándome el agua, pasa una chica corriendo (casualidades de la vida, otra alemana), se choca con mis bastones y empieza a echarme un puro de tres pares de cojones (en alemán; menos mal que no entendía nada).

Otro inciso. Generalizar es lo peor del mundo mundial, lo sé y quizá es cosa únicamente de mi experiencia, pero tras esta carrera y otras que he hecho en las que ha participado gente de diferentes países del mundo, puedo asegurar que el compañerismo, la solidaridad, el ánimo y la ayuda que se recibe de los españoles (latinos más bien) en carrera, poco tiene que ver con la del resto. 

Sigo. He pasado ya el km40 y voy más que tocada. Desde la caída no siento más que ganas de llorar y de abandonar. Me duele todo y en especial la cabeza donde he recibido el mayor golpe. El cansancio me lleva a ser poco racional y empezar a tener pensamientos super locos y dramáticos… “¿y si se me ha hecho un coágulo dentro de la cabeza y por eso no me ha salido sangre?...¿y si el bulto que tengo en la sien es grave y caigo aquí sola?...¿y si tengo un derrame interno?...
A lo lejos veo y oigo charlando a un par de corredores, un chico y una chica. Pienso que me tendría que acercar a ellos y al menos no ir sola por si acaso. 

Me alegra acercarme y oírles hablar en español. Llevo a la chica delante de mí y en cuanto me aproximo se gira y me pregunta si quiero que me deje paso. Le digo que no, que voy bien así, al ritmo de ellos.
Resulta que se han conocido en la carrera y que ella quería abandonar por dolores de estómago y ganas de vomitar…y él la ha conseguido picar para quedarse, diciéndole que si ella abandonaba, él también.
Y ahí van, juntos, de charla, contándose aventuras corredoras y motivándose para no decaer.
Ellos son Jessi y Miguel Ángel, ella catalana y él almeriense. Yo voy callada y negativa, pero ellos empiezan a ayudarme a darle la vuelta a mi cabeza golpeada y atrapada en sus propias sombras.
Me sincero y les cuento que voy asustada por el golpe y el bulto que llevo en la sien. Miguel Ángel enseguida le quita hierro y hace que me tome un ibuprofeno… “tranquila que es la inflamación del golpe, nada más”.



A pesar de todo, escucharles me hace reír. Jessi está también desmotivada ya que venía a intentar mejorar su tiempo de 2018, pero el estómago le ha jugado una mala pasada. No para de decir que cree que abandonará porque pensar en lo pesado de lo que queda, le causa demasiada pereza. Menos mal que tenemos al motivador de Miguel Ángel, sin parar de animar con sus palabras…

Miguel Ángel, servidora y Jessi, poniendo empeño en salir bien para la foto.

Llegamos a una última bajada técnica que nos va a llevar al 4º avituallamiento, km 48, Ayaguares. Les comento que mi única motivación es pensar que ahí van a estar mi chico y mi niña esperándome. De repente allá abajo a lo lejos oigo chillar mi nombre. ¡¡Son ellos!!...Me entran unas ganas de llorar brutales, me siento súper vulnerable, pequeñita, con una necesidad de arropo inmenso…pero pienso en lo que agobiaré, sobre todo a Juan si me ve así, por lo que decido que he de hacerme la fuerte y hacerles ver que estoy perfectamente bien. Voy respirando hondo, tragándome mi pesar…saludándoles con alegría con la mano. Veo a mi Lunita correr hacia mí y saco de mi interior a la mejor actriz del mundo mundial que tengo (prometo que merecí un oscar). La abrazo, sonrío, le explico por qué no puedo cogerle de la mano, llego hasta Juan, rápido le beso, sin prácticamente mirarle a la cara . Me ven las heridas y les digo que me he caído pero que estoy perfectamente bien y que voy con estos dos amigos que acabo de conocer, pasándolo genial.
Me preguntan si se vienen conmigo hasta el avituallamiento (que está como a 500m) y les digo que no, que se vayan tranquilos, que voy a seguir, que voy muy bien. (¡Por los cojones!)

Entre verles y que el avituallamiento es otro nido de animación, siento que me vengo un poco arriba. Vuelvo a llenarme una botella con cocacola, las otras dos con isotónico, preparar frontal y luz trasera, pues son las 19h y se va acercando la noche. Veo a Jessi sentada en una silla, con mala cara. A Miguel Ángel por otro lado, también parado. Me planteo quedarme sentada y esperar para irnos juntos, pero cuando estoy a punto de hacerlo, me viene un flash de negatividad que me lleva a pensar que si me siento, abandono seguro. 
No puedo abandonar. Necesito los puntos de esta carrera para poder participar en la diagonal de los locos y no puedo dejarla estando a 18kms de terminar.

Voy hasta Jessi y le digo que me tengo que ir, que les agradezco con el alma el apoyo y ánimo que me han dado en los últimos kms pero que no puedo pararme ahora. Jessi es super bonica, al igual que Miguel Ángel y me dice que me vaya tranquila, que ella vuelve a tener ganas de vomitar y no sabe si va a poder seguir.

Me voy y tal cual salimos de Ayaguares, empieza una larga subida en la que va cayendo la noche a toda velocidad. Me acompaña la luna que está prácticamente llena y pienso en mi Luna, mi niña y me siento mal al recordar mi frialdad al verles, mis ganas de marchar rápido para que no vieran lo mal que me sentía (más tarde me hizo gracia saber que Juan había hablado con mi hermana y le había dicho que me habían visto y que aunque me había caído, estaba muy bien y muy contenta). Definitivamente, un Oscar.

La soledad de la montaña y mi poca, tirando a nula, visibilidad con la mierda de frontal que llevaba -y sin gafas- (ilusa de mí pensé que no me tocaría hacer muchos kms de noche), hizo que me acojonara en algún momento en los que oía ruidos a mi alrededor vete tú a saber de qué. Cuando veía alguna luz trasera roja entre la oscuridad de la noche, arreaba a toda castaña con la intención de estar cerca de algún corredor y así no perderme ni volver a tropezar. Veía a lo lejos, muy muy a lo lejos, el color rojizo en el cielo que indicaba que detrás de los perfiles de aquellas montañas, estaba ya la ciudad. 
10 kms de agonía, entre cañas, por el cauce seco de un río plagadísimo de piedras sueltas, que se me hizo más que eterno. Eternidad, ida y vuelta.

Me salió una fuerza interior, mezcla de miedo, agobio y cansancio, que me impulsó a ir rápido. Todo lo rápido que me daban las piernas. Obsesionada con llegar lo antes posible, con la necesidad de terminar, llegar a meta y poder sentir y besar a los míos. 

Aquellas luces emergieron por fin, ya reales ante mi vista (mi vista de gato de escayola), hasta llegar al 5º y último avituallamiento del km 61.5, del Parque Sur.
Los aplausos y los ánimos de los que allí esperaban, hicieron que se me saltaran ya las lágrimas y me dieron fuerzas para correr por aquel vaivén de paseo marítimo-cauce de río, sube y baja.

Y de repente el mar… y la arena. Mi amada y odiada arena, que tantos kms me ha hecho pelear en los desiertos corridos. Gente aplaudiendo desde los chiringuitos al verme pasar. Luces, ruido, alegría.
Llega el esperado sonido de meta, esa mezcla de música y de locutor dando nombres de finishers. Siento cómo se me va cortando la respiración de la emoción. 

Cuando entre aplausos y chillidos veo a Mariano, Allende, Juan y Luna, ya no puedo parar de llorar. Luna viene hacia mí, la abrazo y lloro a moco tendido. Nos cogemos de la mano y vamos juntas hasta el arco de meta. Nos abrazamos de nuevo al cruzarla y yo lloro de forma tan desconsolada, que ella me mira y me pregunta…mami, ¿pero porqué lloras tanto?...a lo que le contesto… “porque he sufrido mucho mi amor, pero soy muy feliz”!!



  • Mi entrenadora se quedó con las ganas de ser quien me pusiera la medalla, ya que según le indicaba la app de seguimiento, yo llegaría unos minutos más tarde a meta…pero para mí, la medalla de la transgrancanaria, me la regaló ella, porque gracias a ella, yo estaba allí. Gracias Estre por tu apoyo, ánimo y todo el cariño que pones en mi planificación runnera cada día. Estas 13h y pico de esfuerzo mental y físico ya se vienen conmigo a nuestro reto de la Reunión. 
  • Gracias a Jessi y a Miguel Ángel, porque de no ser por ellos, quizá esta crónica no hubiese tenido este buen final. Me encantó reencontrarme con vosotros cuando cruzasteis la meta. Enhorabuena a ambos de nuevo. Es maravilloso llevarse nuevos amigos tras una carrera, pero si es sufrida, todavía más.
  • Gracias a mi Juanito y mi Lunita, que son mi impulso y mi vida…y porque tenerles cerca en la transgrancanaria, la hizo mucho más grande. 
  • Gracias a Mariano, por esta amistad tan bonita, que nos lleva a compartir momentos, en cualquier parte del mundo. Te quiero mucho my friend. Gracias también a Allende, por su dulzura y por hacernos sentir que la conocíamos de toda la vida. 
  • Gracias a todos los que me quieren, por toda la fuerza recibida, los buenos deseos y las felicitaciones posteriores (que sois muchos, pero muy únicos todos). 
  • Gracias Canarias por ser tan bella y permitirme recorrerte acariciándome los ojos de esta manera. Gracias a la organización por tan gran y buen trabajo...así como a todos los canarios, que nos dejaron maravillados por su amabilidad y trato tan especial. 
  • Gracias VIDA por darme siempre tanto, gracias.