miércoles, 15 de abril de 2026

SUBIDA AL TOUBKAL 4.167 m

6 años sin escribir por aquí. Cuántas vivencias y cuánto aprendizaje durante todo este tiempo...

Me hace especial ilusión volver a activar este blog con mi vida junto a mis reumanetix.  

Nunca estaré lo suficientemente agradecida a mi médica/amiga Àngels Martínez y a Óscar Saludes, por haberme traído hasta aquí. 

Al lío...


Lo último que podíamos imaginar, era que íbamos a ver diluviar al iniciarse el descenso del avión al llegar a Marrakech. 

Y es que esperar que todo suceda como uno quiere, cree o desea, ya sabemos que es cosa de ilusos.

La realidad siempre supera a la ficción. Això és aixina, que decimos los valencianos.
 
Toubkal entró en nuestra mente tan pronto como conseguimos coronar el Aneto (3.404m) el pasado mes de julio.
Lo de que un clavo saca otro clavo, sirve en todos los ámbitos de la vida y cuando te ríes y disfrutas tanto con un grupo de buena gente, dejar de hacerlo, acaba provocando mono, por suerte, fácilmente subsanable.

 
Llegamos a Imlil (1.700m), desde donde vamos a iniciar la ruta.
Sigue lloviendo y no se ven mucho las montañas de alrededor por la niebla y la humedad que hay.
No problem, somos montañeros de miedo 0, mientras que Manu mantiene la boca cerrada.
Conocemos a nuestro guía, Ibrahim y con él iniciamos nuestra aventura de 2 días hacia la cima.

 
El primer día tiene su miga; no es dar un paseíto montañero hasta el refugio en el que hemos de dormir, no…es subir un desnivel positivo acumulado de 1.500 m en unos 11 kms de montaña, pasando por la “aduana” donde nos controlan los pasaportes, parando a comer en Sidi Chamharouch donde se encuentra la piedra blanca y descansando en algún precario chiringuito en los que enfrían las bebidas rociándolas con mangueras.
 
El guía nos había explicado que la gente iba a rezar a la piedra blanca; por no desviarnos unos metros, ni fuimos ni rezamos. Cagada.

Tras un total de 5 horas y resbalones varios, ya que la nieve había hecho acto de presencia antes de lo esperado y no llevábamos crampones todavía, llegamos al refugio Les Mouflons. 
Contentos todos como idiotas, porque de los dos refugios era el más cercano (separados a una distancia de 200 metros).
Tal como entramos, nos toca salir porque se ha llenado hasta la bandera.
Nos envían al siguiente, al refugio Toubkal, y para allá que nos vamos, algunos ya como medio borrachos por la altitud (3.207m), sin haber bebido ni gota.


Pasamos la tarde a base de risas, de charlas, jugando al impostor, cenando a las 18h y preparando mochilas para el ascenso…haciendo cualquier cosa menos ducharnos (no es aquello el mejor de los balnearios).
Tras la cena, Ibrahím nos deja acojonaos. Nos avisa de que va a hacer mucho aire en la cima y de que las temperaturas van a ser tipo Siberia. Después de eso, Manu se encarga de que vayamos fundiendo del gris al color negro total.

 
A las 20.30, ya estamos todos en cama.
Somos 9 y compartimos literas con 3 extranjeros más.
Como duermo como el culo, voy preparada con unas pastis compradas adrede (dormidina), porque sino sé que teniendo que levantarme a las 3 de la mañana me va a ser imposible pegar ojo.
Algunos compis pasan de las últimas risas del día, a roncar como si necesitasen respirar todo el aire de las montañas.
Aquello se convierte en una fiesta de cornetas, que ríete tú de la semana santa andaluza.
Ni dormidina ni dormidino, la noche hasta las 3 de la mañana me ha dado para contar 1 millón de rebaños de ovejas.

 
3 de la mañana, ilusión y pocas ganas a la par.
Desayuno, bastones, mochilas, crampones, cascos, mientras vislumbramos en la oscuridad una retahíla de luciérnagas subiendo hacia el infinito montañil.
Un frío del copón. Dudando hasta última hora de si nos dejamos las mallas de dormir debajo de los pantalones (ignorantes).
  
Y para rimar, yo sin guantes.

Caro cuenta con dos pares, unos finos y otros gruesos.
Me deja los finos, y yo creyendo que en cuanto me ponga a ir caminito arriba, me van a sobrar.
 
Y por fin empezamos, en fila india, a ascender lo que creemos que va a ser coser y cantar. 
De 3.200m a 4.167m, total son 1.000m.
Dicen que no es difícil, que chino chano si arriva lontano.
Dicen que es facilito, que hasta niños han subido sin llevarles de la mano.
Dicen que hay senderito, que ni piolés hacen falta ni un esfuerzo sobrehumano.
 

Y una puta mierda.
 
Hace un frío infernal.
El aire y las bajas temperaturas nos congelan.
Vamos subiendo callados, sin valentía ni para sacar el teléfono y hacer alguna foto. 
Ibrahím tira para adelante sin parar a descansar y yo ya empiezo con mi danza del vientre por haberme tomado un gel.
Le pido que pare…”five minutes” me dice desde su posición en cabeza.
Yo que voy contando pasos hasta 60 para evadirme, sé que cada tanda es de aprox un minuto.
No sé los bloques de 60 que cuento y aquel que no para.
“Ibrahím, stop please!!!”…
En la oscuridad de la noche y con un frío que me hiela hasta la médula, me bajo pantalones y mallas tras una roca y me quedo nueva. Bueno, nueva tampoco, pero al menos más relajada.

 
Así seguimos, tras las filas de luciérnagas que suben y suben y que cada vez vemos más altas.


 
Empieza a amanecer y eso nos alegra, aún tenemos la ilusión de que salga un poco el sol y nos caliente. Por los cojones!.
Ibrahím tiene más guantes gruesos y cuando me ve sufriendo de frío en las manos, me deja un par.
Marina también necesita unos y tenemos la suerte de que él haya sido previsor.
Félix me propone dejar tirada la mochila y recogerla al bajar, me pesa un quintal y no puedo con mi vida. Ibrahím me la coge y se la lleva. 

Vamos observando cómo se nos va poniendo el pelo blanco, que ya no podemos beber agua porque se nos han congelado las camel bags, notando como el moquillo se transforma en estalactita y que el dolor de dedos de manos y pies se va haciendo insoportable.
 
Ibrahím nos dice que pararemos un poco en la loma, a 4.000 m.
Aún nos da la vida ánimo y felicidad para hacernos unas fotos.
Pero ahí llega el punto de inflexión.


Desde la loma vemos allá arriba, casi rozándose con el llavero de San Pedro, el triángulo metálico que decora la cima del Toubkal.

El aire es insufrible, duele la nieve dándote en la cara y sabemos que esos últimos 167m, van a ser de infarto.
Àngels dice que mientras hay dolor hay vida…y yo ya no tengo ni dolor siquiera en los dedos.
“¿Me los tendrán que amputar?” Voy pensando.


No sabemos por qué, pero nadie decide parar ahí.
Ibrahím tira hacia arriba y nosotros nos vamos detrás.
La ventisca yendo por la cresta es violenta y muy dura de gestionar.
Cada vez que cruzo la mirada con Fresi u otro compi, solo me sale decir: 
“hostia puta”.

Voy parando minisegundos a respirar hasta que Ibrahím viene y me dice al oído: “no pares, sigue aunque sea a pasos muy pequeños, pero no pares que te vas a congelar”.

Sigo como puedo.
De repente no sé de dónde sale, pero delante de mí va un chico marroquí tambaleándose.
Detrás llevo a Félix y le voy diciendo que no sé qué le pasa al chaval, que casi cae sobre mí.
Se pone de lado y cae entero sobre la nieve (menos mal que para la parte alta) y le veo con babas en la boca que se le congelan al segundo y totalmente ido.
No sé qué hacer. Le pregunto si necesita algo. Me dice que no.
Viene alguien a rescatarle y ya seguimos más tranquilos. 
Muy tranquilos no es que fuéramos, que la lucha contra las inclemencias, seguía ahí y cada vez era más heavy (entre -15 y -20 grados). 

Pero por fin asoma el triángulo de la cima y sentimos que llegamos.
Lo sentimos con el frío penetrándonos hasta los huesos y con una única alegría que compartimos por mayoría absoluta…”hay que bajar de aquí cagando leches”.


Ibrahím que es de otro planeta, le da la vida para juntarnos y conseguir hacernos unas fotos.

No sé ni cómo, pero somos capaces hasta de posar y algunos incluso, en ese preciso instante, sonreímos.

¿Y esa sonrisa es falsa?…pensé horas más tarde al ver la foto.

No, esa sonrisa es el reflejo de una actitud interior.
La del que pinta la adversidad de color de rosa para que todo sea más llevadero. 
No hay nada como creérselo para creárselo. 

Bajar desde la cima hasta Imlil, unos 18kms con un desnivel negativo acumulado de 2.500m, se hace largo, pero vamos tan contentos de ir bajando y buscando la zona a partir de la que no hay aire, que se nos van pasando las horas con rapidez. 

Hacemos varias paradas, un té reconfortante en el refugio, una comida sabrosa al solecito junto a la piedra blanca, un zumo de naranja recién exprimido en uno de los chiringuitos haciéndonos sentir como en casa y finalmente vemos Imlil desde lo alto.


Lo hemos vuelto a hacer. Hemos conseguido otro reto que nos planteamos porque nos creímos montañeros desde que empezamos a disfrutar juntos de la montaña. Creer, crear. 
Caminos compartidos durante año y medio que nos han llevado a querernos, a asociar montaña con amistad, a disfrutar de cada día que nos vemos.

Y mira que es curioso, porque muchas veces aún nos decimos unos a otros...
"Tu cara me suena"..."pero es de otras movidas" 😂

No somos un equipo, somos un equipazo y ya hemos aprendido que los límites son solo para cobardes. 


PD: gracias amig@s por estos días de aventura. 
Os quiero al por mayor, Félix, Manu, Tony, Marina, Pablo, Fresi, Laura, Àngels y Caro.