Tras pasar un larguísimo túnel perforado en la propia roca montañera, damos de lleno con el maravilloso entorno que rodea al Embalse de Llauset (2200m).
Dejamos los coches en el parking e iniciamos el tedioso
momento del ¿qué me llevo, qué me dejo en el coche, hará mucho frío, hará calor,
lloverá, necesitaré esto o mejor sería coger aquello?...
Da igual lo que hagas, nunca aciertas.
Empezamos el bonito camino de ida hacia el Refugio Cap de Llauset.
Nos acompaña la sinfonía de la naturaleza, trueno va, relámpago viene. Se va
poniendo el cielo gris y pinta mal la cosa.
Nada, esto es increíble… ¿de verdad que no podremos hacer nunca un reto con un clima que no lleve el apellido “adverso”?
No había prisa al principio, así que iniciamos el ascenso
tranquilos, subiendo y charlando…pero de los truenos a la lluvia, hay como
del amor al odio, y en menos que canta un gallo, ya tenemos que echar mano de los
chubasqueros y poner en marcha el modo turbo.
Llegamos mojados, pero llegamos sin percances.
El refugio está chulísimo, después del Toubkal, cualquier
refu nos habría parecido un cinco estrellas, pero éste en particular, está muy
nuevo y muy bien cuidado (aunque regentado con un poquitico de mala leche, todo
sea dicho).
Nos organizamos en habitaciones de 6, nos duchamos y cambiamos y como es habitual en los refus, nos ponemos a cenar a la hora de las gallinas (no salgo hoy del corral!).
No hay cobertura y el wifi está a 1€ los 10’; si hay suerte
y te funciona.
Siempre es un lujazo disfrutar de esos lugares en los que
desconectas de la realidad por falta de cobertura. Nadie mira el móvil, todos
hablan con todos…de repente, la vida social vuelve a la vida.
Hasta que llega la hora en que España se juega el mundial
frente a Bélgica.
Ahí no hay desconexión que valga.
Entre una tablet y un móvil lo vamos viendo. En el móvil marcan
el gol vencedor con segundos de antelación, lo que provoca un spoiler de libro a
los que lo miran en la tablet. Una risa.
Al final todos contentos a dormir al mismo tiempo.
Cris nos dice antes de acostarse que se nota como si tuviese
gripe, que no se encuentra bien pero no sabe qué le pasa.
Despertador, desayuno y a las 7:30 de la mañana nos ponemos en marcha hacia el pico de Vallibierna (3.067m).
El camino es precioso, lleno de joyas paisajísticas como son los ibones (lagos glaciares).
De pedruscos también está lleno, de todos los tamaños
imaginables, así que toca ir de oca en oca cuando son grandes y con pies de
plomo cuando son pequeños.
Voy delante de Cris y me comenta que le va bien que le vaya marcando el paso. Vamos sin prisa, pero sin pausa…bueno, alguna que otra pausa sí, que sin fotos y sin hablar, una no sabe caminar.
Cris empieza a sentirse mareada y paramos a descansar.
No es mareo, tiene mal de altura, nos dice Eulogio cuando
viene a verla y hablar con ella.
Decide quedarse y esperar a sentirse mejor para poder
bajar. Me da penita porque iba súper bien y quería subir con ella hasta la
cima, pero no elige un@ cómo le sientan las alturas.
Seguimos subiendo y disfrutando del espectáculo que nos
ofrecen los Pirineos. Vemos el Aneto a lo lejos, nuestro punto de inicio y
unión, nuestro templo alpinista para siempre.
Hacemos una paradita, solicitada con cara de perrito, a Eulogio. En cuanto alargamos un rato la charla, las meadas varias y nos ponemos hasta a comer, Begoña le recuerda que ha sido él quien ha abierto la caja de pandora. ¡Si es que nos das un dedo y nos cogemos hasta los de los pies!
Es lo que tiene descansar, que se lo digan a los asiduos a las "paradas del hijoputa" 😂😂
Continuamos y parece que tenemos cerca ya la cima, pero empieza un tramo enorme de subida en zigzag, que ni en los más grandes aeropuertos. El día de la marmota se cumple a rajatabla…a ellas las puedes avistar por la zona y tú ahí vas y ahí vuelves, unos pasos a la derecha, otros hacia la izquierda, una y otra vez.
De repente, alguien dice: “ya está ahí la cima, donde veis a
Félix es el final”.
Voy con Marina, cerca de Inma y de Nathalia. Estamos a la
altura de la cima, pero no lo es del todo. Toca crestear hasta llegar donde
está Félix.
Inma, Nath y yo tenemos vértigo. Ellas deciden que se quedan
en ese tramo.
Yo me pongo en modo “orejas de burro” mirando únicamente los pies de Marina por detrás y la sigo.
Si mirara a mi alrededor, no sería capaz de dar un paso, así que no
pienso en nada, únicamente en llegar hasta Félix.
Y Félix que no para de alejarse y alguien que no para de repetir, “es allí donde Félix”.
No sé lo que mide de largo aquella cresta, pero mecagoentodoloquesemenea lo larga que se me hace. “Félix deja ya de alejarte, mamón!!”.
Por fin llegamos, Marina y yo nos abrazamos. Otro reto más juntas. Justo un año antes nos dimos el mismo abrazo en la cima del Aneto.
¡Cuánto vivido ya en tan poco tiempo, tantas montañas, tantas risas!¡Cuánto hemos echado de menos a nuestros lesionados Anita y Manu!.
Nos felicitamos unos a otros, nos hacemos mil y una fotos y por fin, me como el bocadillo de jamón más deseado, cutre y caro de la historia.
Lo hemos vuelto a conseguir, a demostrarnos y a demostrar que los límites solo están en nuestras cabezas. Somos valientes, fuertes y constantes y para los reumanetix, rendirse nunca ha sido una opción válida.
¡Qué bonito es jugar a creernos invencibles!...¡qué bonito jugar formando parte del equipo vencedor!
Que nada nos pare nunca, ni las vueltas cortas, ni las muy muy cortas 😉
Gracias Félix, Marina, Nath, Fresi, Àngels, Cristóbal, Begoña, Eulogio, Cris, Caro, Jose, Inma y Montse, por hacer de la montaña una ilusión. Os quiero mucho ♥

















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